Iglesia de la Santa Cruz
Barahona, Dominican Republic, 1992-96
Gustavo L. Moré con Sarah Hernadez, Ricardo Martinez y Guaroa Noboa
English / Spanish
Iglesia de la Santa Cruz
Memoria del Restauro
Barahona es una región del suroeste dominicano, dominada por un paisaje agreste y montañoso. La presencia de la Sierra del Bahoruco (sitio alto y protegido, en lengua taína) y del alucinante Lago Enriquillo -así nombrado en honor del autor del primer levantamiento indigenista americano- dotan a la zona de un gran atractivo histórico y geográfico que está comenzando a ser reconocido por el Estado y por la empresa privada. Si a esto sumamos la hermosa costa del Caribe que baña poblaciones como Los Patos, Paraíso, Enriquillo, Oviedo, y al exótico Parque Natural de Jaragua, (también denominación taína de uno de sus cacicazgos principales) en el extremo sur de la isla de la Hispaniola y en territorio dominicano, tendremos una idea del escenario que enmarca esta singular población de 60,000 habitantes, fundada en 1802 por iniciativa del general haitiano Toussaint Louverture
Hacia inicios del siglo XX el poblado vería avances notables en su desarrollo económico. La explotación del café en las altas sierras circundantes y de la caña de azúcar en los llanos, permitió el enriquecimiento de varias familias de la zona, tal como la del Sr. Luis Delmonte, ferviente empresario barahonero, autor de una iniciativa comunitaria dirigida a dotar a la población de su primera estructura eclesiástica de carácter permanente.
La actual Iglesia de la Santa Cruz ocupa el mismo lugar donde estuvo la primera iglesia, de madera y zinc, la cual se construyó por iniciativa de Monseñor Meriño, y fue consagrada en 1884. El templo estaba construído hacia 1922, pero fue en 1928, durante la administración de don Juan B. Vicini, presidente provisional de la República, cuando fue consagrada por Monseñor Nouel, después de la ocupación militar norteamericana.
No poseemos datos concretos del diseñador del proyecto. En nuestras observaciones hemos logrado identificar algunos rasgos estilísticos que sugieren atribuir a un mismo autor, el Ingeniero Municipal Osvaldo Báez, tres proyectos llevados a cabo en la República Dominicana hacia la primera década del siglo: El demolido Matadero Municipal de la ciudad de Santo Domingo, -documentalmente consignado a Báez- la Glorieta del Parque Central de San Cristóbal y la Iglesia de Barahona. A juzgar por los motivos iconógráficos presentes en los tres, cabe la posibilidad de que se trate de este importante profesional dominicano, graduado en la Escuela de Ingenieros de Puentes y Caminos de París, y padre de uno de los más importantes restauradores y urbanistas del país, el Ing. José Ramón Báez López-Pehna.
Lo cierto es que ya la iglesia se encontraba en funcionamiento hacia 1919. Fotos del período demuestran la inexistencia de lo que fuera posteriormente anexado como presbiterio, volumen de mampostería de pobre factura sustituído en nuestro proyecto por un cuerpo más integrado estética y operativamente al empaque de esta hermosa y pintoresca iglesia de una sola nave, cubierta originalmente de láminas de acero galvanizado sobre estructura de tijerillas de madera. También de posterior implantación (hacia 1950) es la figura del Cristo que se levanta sobre un podio rectangular en el ángulo sureste del recinto.
Uno de los más importantes episodios del proyecto fue la sustitución de la cubierta original por una más duradera de tejas de barro cocido de fabricación nacional. Esta decisión conllevó a la incorporación de tijerillas intermedias adicionales a las existentes -que además fueron repuestas debido a su mal estado- no tan sólo respondiendo al peso que soportaría la estructura, sino como complemento para la rigidez geométrica del plafond machihembrado de pino tratado del interior, también repuesto en su totalidad.
Las ventanas y puertas fueron cambiadas, siguiendo el diseño original de vitrales en las lunetas y rosetones. La nueva madera escogida fue la caoba hondureña, que debió ser teñida y protegida al exterior, dada la incidencia del inclemente sol del sur. En el diseño de las ventanas, se introdujo celosías verticales que permiten un uso más flexible en la ventilación del interior, optando por pivotear la ventana en su totalidad, cuando se desee operarlas al máximo de su capacidad.
El piso de mosaicos encontrado había sido dispuesto sobre una base compactada de caliche y arena, totalmente degradada por el uso y la humedad ascendente. Optamos por realizar una nueva base de hormigón armado, sobre la que se dispuso mosaicos de losa hidráulica grises, negros y blancos, fabricados en la misma ciudad.
A solicitud del Obispado de Barahona, diseñamos una verja perimetral nueva, cuyo esquema obedece al deseo de extender la modulación estructural de la iglesia hacia el borde urbano de la propiedad. Este principio compositivo básico fue empleado además en la articulación del nuevo piso de mosaicos y sirvió de argumento conceptual para dirigir la nueva intervención allí donde fuera requerida. Dada la singular dignidad de los detalles ornamentales y los revoques del monumento, los mismos fueron usados para el diseño de las columnas cuadradas de la verja y para la correcta integración compositiva del nuevo presbiterio detrás del lienzo de muro del ábside.
El área de parque fue definida en torno a los accesos de la iglesia, y enriquecida con la siembra de palmas reales, de forma que la arborización permitiera la libre percepción del monumento. Algunas acacias existentes fueron conservadas hacia el borde oeste del recinto.
Tanto el color amarillo como el marrón de la base -tan típicos de casi todas las iglesias parroquiales del período- fueron encontrados en las investigaciones cromáticas. Decidimos acentuar un poco la brillantez del amarillo, previendo el futuro degrado ocasionado por los rayos ultravioletas.
Todo el mobiliario interior fue diseñado exnovo, ya que no pudimos obtener ninguna noticia o referencias del interior original. Optamos por una estilización del mobiliario típico del período según fuera logrado por uno de los mejores diseñadores del momento, Frank Lloyd Wright. La presencia de Antonin Nechodoma en la República Dominicana y en Puerto Rico, quien interpretara tan notablemente a Wright en estos trópicos, nos motivó a desarrollar estas piezas dentro de un esquema decorativo similar.
El Obispado de Barahona ha dispuesto el traslado de los restos del sacerdote español Miguel Fuertes Lloren a un nicho especialmente preparado para darle reposo en la nave de la Iglesia. El Padre Fuertes fué uno de los religiosos más destacados en la región en las primeras décadas del siglo XX, no tan sólo por su labor evangelizadora, sino por sus importantísimos estudios de la botánica dominicana, empeño que le ha merecido numerosos reconocimientos nacionales e internacionales. En su tributo se está planificando además el desarrollo de un huerto experimental de carácter museográfico, que aprovechará el espacio existente entre las palmas reales del parque dentro del recinto religioso. (De la relación de los arquitectos)
Caribbean and Global Links / Architecture / Urban / History / Publications / Organizations / Contacts
Home