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VI Bienal de Arquitectura de Santo Domingo-BASD
Conferencia Inaugural
por William J. Reid Cabral

octubre 31 - noviembre 3, 1996
Santo Domingo, República Dominicana

Los directivos de esta Bienal me han solicitado que hable sobre las experiencias de mi vida en la arquitectura.

Siendo esta una bienal dedicada al Arq. Edgardo Vega, no puedo omitir empezar mis palabras sin mencionar los momentos que he compartido con él.

Excelente arquitecto, de una promoción anterior a la mía, fuimos amigos desde muy jóvenes. Al asociarse con mi cuñado, el tambien arquitecto Manuel Baquero, sosteníamos innumerables coloquios sobre arquitectura, filosofando por largas horas y compartiendo experiencias sobre lo que era en esa época la práctica profesional.

Mis experiencias son pues, en gran parte comunes a estos dos arquitectos, por los cuales siempre he sentido gran admiración, camaradería y afecto. Cómo compendiar una vida dedicada a la arquitectura en estos breves momentos? Empecemos por el principio, no creen?

Cursé la carrera en la Universidad de Santo Domingo, hoy Autónoma, que en ese entonces estaba localizada en lo que es hoy el Palacio Arzobispal. Empezamos 16 alumnos. En el 1948, ya en su ubicación actual, nos graduamos 8, de los cuales unos éramos Ingenieros Arquitectos, otros Ingenieros Civiles. Tuvimos el privilegio de contar con el Arq. Guillermo González como profesor de Diseño. Recuerdo en el primer año, me confesó que le gustaba tanto el grupo nuestro que trataría de darnos clases de diseño hasta nuestra graduación y así lo hizo, acompañándonos de año en año. De ésta época surge mi primera colaboración con Guillermo en el diseño de los bungalows del antiguo Hotel Jaragua. Con él sostuve siempre una magnifica relación que sobrepasó a lo largo del tiempo la de profesor y alumno para convertirse en la de dos entrañables amigos que en ocasiones compartimos proyectos, como en el caso del Banco América, en la zona colonial, meses
antes de morir.

Aproximadamente dos años antes de graduarme, empecé a hacer pininos en diseños y construcciones y fue precisamente en la residencia de la Sra. Amelia Vicini, donde continuó mi colaboración con Guillermo. El diseño de esta magnífica residencia era de su autoría. Al ser propiedad de mi tía, ésta a pesar de mi inexperiencia y con la anuencia de Guillermo, me nombró lo que ella llamaba su Constructor Residente. Aquí aprendí a utilizar
materiales de gran calidad.

Este proyecto fue como un post-grado para mí, ya que además fui a Estados Unidos junto con la propietaria a escoger todo lo que se utilizaría en esa residencia que era considerada de gran clase. Creo que la misma marcó un hito en Santo Domingo como parámetro de buen gusto y calidad en los años 50, yo tuve la oportunidad de participar en esto.

Pero para que nos ubiquemos en cuanto a lo que era la práctica de la arquitectura cuando empecé la misma, voy a darles algunos detalles:

En primer lugar, ni Obras Públicas ni el cliente daban mayor importancia a los planos. La primera solo exigía una planta, fachada principal, una sección, cálculos estructurales y una pequeña localización, por tanto los planos se hacían en una sola hoja. Si la conformación del terreno era firme, se permitía no utilizar varillas en las zapatas, sino hormigón ciclópeo. Llegué a levantar edificaciones de dos y tres pisos en esa forma, y he podido constatar 20 años después que no tenían una sola rajadura.

Ahora bien, eran exigentes en la altura de piso a techo, cuya mínima dimensión debía ser 3.30 y había que poner una capa atérmica que consistía en caliche de 4" con losetas de barro encima. La parte más engorrosa era vaciar los platos. No había trituradora para moler la gransa y había que comprar piedra picada con martillo, oficio que generalmente realizaban las mujeres. El hormigón se mezclaba en las aceras y en la calle, y usando una escalera con hombres en cada peldaño se subía la mezcla "cubo a cubo" hasta el techo. Imagínense cuando había que tirar un plato en un tercer piso. Recuerdo una noche que se rompió un peldaño superior y el obrero cayó, llevándose a todos los que estaban debajo hasta el suelo. Como en esa época había pocas cuadrillas de plateros, no podíamos turnarlos y solían pasar de dos a tres días sin poder parar pues se dañaba el trabajo. Teníamos que quedarnos vigilándolos y a fuerza de ron y café lograr que terminaran. Incluso el acarreo resultaba pintoresco, sobretodo recuerda en la calle de El Sol en Santiago a una recua de burros trayendo arena y gransa que mezclarían en la calle. Usamos este método de acarreo en varios edificios de esa ciudad. Si he comenzado con anécdotas de construcción, es porque para mí, ha sido casi una necesidad construir lo que diseño, y aún en el caso de que tenga solo responsabilidad de la supervisión de la obra, como algunas veces sucede, no puedo abstenerme de inmiscuirme en todo el proceso.

Yo no me conformaba con hacer planos con tan pocos detalles y me gustaba diseñar las cuatro fachadas, varias secciones y un sin número de detalles que en ese tiempo no eran considerados primordiales. Como no se utilizaba el aire acondicionado, debíamos tener en cuenta la ventilación cruzada, usando grandes ventanales y sobre todo estudiar a qué dedicaríamos el área del oeste de manera que el calor del sol molestase lo menos posible.

Lo que más me interesaba era realizar una distribución funcional, fresca y para fines de estética el elemento más importante era la proporción y la escala. La privacidad ha sido siempre mi preocupación. Jamás he utilizado como se hacía todavía en esos años, la galería en el frente de la casa, las ubicaba ó en el jardín posterior o alrededor de un patio interior. Esto para mí era lo lógico. Comprendo que en años anteriores la entretención era mirar a la gente pasear, de ahí su uso frontal, pero esto no era justificable al surgir otros pasatiempos con la modernidad que se fue adquiriendo. El lujo máximo era utilizar baños en colores, azulejos, pisos de terrazo y de mosaicos de cemento con color. Para las paredes los empañetes debían ser con arena fina y cal y estar muy bien ejecutados para obtener una buena terminación. A veces para dar textura a las fechadas ó a ciertas paredes importantes, íbamos a los ríos a recoger cayados para colocarlos mientras el pañete estuviese fresco. Las lajas de Cambita también eran nuestras favoritas, con su blancura resaltaban tanto en el interior como exterior de las edificaciones... Inventábamos calados hechos manualmente en el sitio de la construcción los usábamos como biombos en los jardines, en ventanales en escaleras de forma que pudiéramos iluminar, ventilar y evitar simultáneamente la entrada de la lluvia. Me emociona todavía pensar en lo mucho que nos entusiasmábamos con todos estos experimentos, frutos de la necesidad, ya que era prácticamente imposible debido a las limitaciones, dificultades y costos de la importación, entre otros factores, adquirir artículos que no se fabricaban en el país, contrario a la gran diversidad de elementos que inundan actualmente el mercado de la construcción y la decoración que nos da más facilidad para diseñar. Fueron épocas de pioneros, de logros de la imaginación supliendo las carencias.

Pensando en retrospectiva después de 48 años, no puedo dejar de mencionar la ardua labor que fue lograr que el cliente comprendiera que el tiempo pasado en una mesa de dibujo no era tiempo perdido, sino ganado, ya que ahorraría errores y malas interpretaciones en las construcciones posteriormente. Fue difícil sí, pero lo logramos.

La historia de mi trayectoria después de graduado empieza con la asociación que formamos Charlie mi hermano, que al poco tiempo fue a Estados Unidos a realizar un post-grado y yo con el arquitecto Nani Reyes. Fue una asociación feliz en todo sentido. Nani era un profesional muy logrado, nos comprendíamos muy bien y junto a él con la firma Reid & Reyes, obtuve muchas satisfacciones. Nos complementábamos, lo que a uno le faltaba el otro lo suplía y viceversa. Hubo un tiempo en que solíamos vanagloriarnos, entre nosotros naturalmente, de que en casi todas las calles de Santo Domingo había una construcción nuestra (Claro la ciudad era mucho menos extendida que ahora) También trabajamos mucho en Santiago. Al disolverse la sociedad, Charlie y yo formamos Reid Cabral, y bajo estas siglas también tuvimos una extensa práctica, siempre privada. Entre ellas muchas fueron en Santiago: complejos industriales de E. León Jiménez, de Bermúdez, muchos edificios, residencias, etc. del Chase y el First National, etc. En 1966 decidimos trabajar separadamente y fundé mi actual compañía, William J. Reid Cabral - Ingenieros Arquitectos, S.A. Continué trabajando para casi todos los bancos de esa época. Tambien haciendo la decoración porque no se contaba con la pléyade de profesionales en esa área que existe hoy. He tenido la suerte de contar con clientes fieles que me han permitido diseñar y construir para ellos a través de los años, he tenido la suerte también de contar con mi hijo y socio Carlos Reid Baquero (Arquitecto), quien es mi mano derecha y con el cual tengo la mejor relación de trabajo, que si tomamos en cuenta las generaciones que nos separan creo que es un logro para ambos. Cuento también con mi hija Patricia Reid Baquero, Diseñadora de Interiores, que comparte nuestra oficina, teniendo su propia firma, pero trabajando con nosotros cuando uno de nuestros proyectos así lo requiere. Esto hace que podamos trabajar en equipo y el resultado final sea de un concepto unificado en sus partes.

Esta es la noche de rememorar a todos los profesionales ya fuesen graduados o estudiantes, que han pasado por nuestras oficinas y de los cuales nos sentimos orgullosos pues muchos de ellos hoy forman lo mejor de nuestra clase profesional. Actualmente contamos también con excelentes colaboradores que con entusiasmo nos ayudan a seguir creciendo. Quisiera poder sintetizar par ustedes lo que ha sido mi pasión por la arquitectura todos estos años. La considero como una de las profesiones más complejas, más demandantes, frustrante y apasionante a la vez. Como todo en nuestra vida actual, también en la arquitectura la moda estilística juega un papel preponderante, ojalá no fuese así, ya que en mi opinión hay ciertos valores y conceptos que son inalterables a través del tiempo. Nunca, creo yo, a lo largo de mi trayectoria me he sentido enmarcado a través de mis diseños dentro de un estilo específico. Sin embargo es imposible negar ciertos factores elementales. Mi formación académica y una parte de mi ejercicio profesional estuvo influenciada por el modernismo, específicamente por el llamado "Estilo Internacional" He tratado de humanizar mis proyectos pensando siempre en el hombre que lo utilizará. Así he podido diseñar en los últimos tiempos casas veraniegas en el complejo de Casa de Campo que pueden resultar más creativas ya que al no necesitar los requisitos de una casa permanente nos da una mayor liberta al diseñar, integrando más de lo que se puede en ciudades, la naturaleza que las rodea al proyecto total. Para estas casas y buscando materiales que se asimilaran al ambiente diseñamos unas mesas de distintas formas elaboradas con un material combinado que semeja la piedra. También tarros para plantas hechos en piedra caliza, ambos artículos hoy han sido duplicados por distintos artesanos locales y colocados en varios puntos del país. Me siento orgulloso de haber creado estos diseños que han tenido tanta aceptación y continúo introduciendo cambios en los mismos para poder seguir usándolos en nuestros proyectos .

Mi tiempo libre lo utilizo en crear con las manos. He tenido distintas etapas, una vez fueron Cristos con materiales diversos, ahora son bastones, hechos con lo que me llame la atención, una piedra, una vara, candelabros, botellas con cortezas de árboles, creando un caos en mi casa con su continua proliferación para desesperación de mi esposa.

Sinsabores... los ha habido. El que trabaja para clientes y es responsable de todo lo que se ejecute en un proyecto, aunque no dependa de él sino de los muchos factores humanos que intervienen, tiene que pasar muchas noches en vela. Muchas veces me digo, ya está bueno, voy a retirarme, pero no creo que podría vivir sin el estímulo que me da mi profesión que no ha disminuído a través de los años, y ahora con la ayuda de dos de mis hijos que la comparten conmigo, creo que Si Dios quiere...
Habrá Billy Reid por mucho tiempo.

Gracias.


La Sexta Bienal de Arquitectura de Santo Domingo está dedicada en esta ocasión al arquitecto Edgardo Vega Malagón-Gai- por sus trascendentes aportes a la excelencia de la arquitectura dominicana, tanto a traves de sus memorables obras como a través de su trabajo como profesor de numerosas generaciones de arquitectos

Comite Bienal 1996
Omar Rancier, presidente
Erwin Cott, miembro
Teódulo Blanchard, miembro
Risoris Silvestre, miembro.

Sociedad de Arquitectos de la República Dominicana
Grupo Nuevarquitectura

SeXtA
bienal de
arquitectura de
santo domingo
del 3 al 13 de
noviembre de 1996
edgardo vega malagón


Información sobre las BASD en:
VI BASD. Bases de la Confrontación
Bienales y Arquitectura por Omar Rancier
Discurso de Inauguración por Omar Rancier
Premios VI BASD


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