Internet Resources for Architecture and Urban Design in the Caribbean
¥
La Arquitectura Antillana del Siglo XX
Por:
Roberto Segre
La Habana, Cuba
Mail to: bobsegre@acd.ufrj.br
CAPITULO 2 EL SINDROME DE LA PLANTACION
2.1.- El sincretismo ambiental caribeño
En la película Total Recall, protagonizada por el héroe "rubio" de los años noventa - Arnold Schwarzenegger -, el universo terrestre civilizado alcanza otros planetas (Marte). La perfección homogeinizadora de la high-tech tiene como contraparte la existencia de cotidianos seres monstruosos (1) - no ya las inocentes sirenas, los gigantes, los pigmeos o los feroces caníbales antillanos, que poblaban la fantasía de los navegantes españoles -, y un paisaje rocoso devastado por vientos huracanados, imagen antagónica al "humanismo" de la naturaleza caribeña. Mientras ésta conserva en gran parte intacta su prístina originalidad, el impulso integrador de la "Telecomunidad" (2) contemporánea se aleja progresivamente de las particularidades regionales, de la artesanía, de los atributos contextuales, del localismo ambiental. La imagen de la ciudad tentacular, de la metrópolis infinita, del entorno "artificial" cargado de profundas contradicciones - las imágenes contrapuestas del dirty realism (3) -, refleja el circunstancial triunfo del "Primer Mundo" sobre los restantes; la unipolaridad hegemónica del capitalismo avanzado.
Pese a la hipotética obsolescencia de la categoría "Tercer Mundo" - desaparecido el "Segundo" -, sustituída por el nuevo antagonismo "Norte-Sur", que a su vez contiene la contradicción interna que separa Haití de Corea del Sur; en América Latina se levantan voces de "resistencia" o - parafraseando a Marina Waisman (4) -, de "divergencia" con este camino de sometimiento inexorable, en busca de nuestra "identidad" (entendida en términos de diferencia o "alteridad") (5), representativa de la existencia de pueblos, culturas y regiones que constituyen, aún hoy, opciones válidas frente a las metrópolis dominantes. Toma de conciencia fortalecida en la década del ochenta al surgir un acalorado debate en torno al término de "regionalismo crítico" elaborado por el catedrático inglés de la Universidad de Columbia, Kenneth Frampton, difundido por sus seguidores inmediatos, Alex Tzonis y Liane Lefaivre (6) y rescatado en el continente por el crítico mexicano Antonio Toca (7). Si por una parte, ellos mismos recientemente, y algunos teóricos latinoamericanos - Ramón Gutiérrez y Alberto Petrina, defensores de posturas nacionalistas en antítesis con los modelos del "Primer Mundo" (8) - rechazaron el término al ver en él un "item" más de la furia clasificatoria universal de Charles Jencks (con quien de ningún modo se puede asociar el pensamiento de Frampton); otros se vieron motivados a crear conceptos alternativos, esclarecedores de la realidad que nos circunda.
Entre los que han difundido con mayor énfasis sus posturas, citemos a los chilenos Enrique Browne y Cristián Fernánde Cox. El primero, plantea la definición de "espíritu de la época y espíritu del lugar" como dicotomía presente en las realizaciones de nuestro hemisferio (9), que se remonta a los estudios relizados por Christian Norberg-Schulz sobre la arquitectura occidental. Resulta un atributo de validez genérica que no refleja obligatoriamente contenidos específicos de las sociedades americanas. Cuando intenta establecer categorías acordes a la realidad imperante - como por ejemplo la definición de "otra" arquitectura latinoamericana, o la secuencia temporal de "blanca" (1930/1945); "gris" (1945/1970) y "multicolor" (1970/ >) -, no trasciende los límites restringidos de las búsquedas formales. El segundo, considera limitado el alcance del término regionalismo y le opone la "modernidad apropiada", que corresponde a una arquitectura realizada en un contexto, lugar y época (10). Si bien el término "apropiado", implica la adecuación a una realidad concreta de los modelos "digeridos por nuestra identidad" o su asimilación , posee una ambivalencia en cuanto a la toma de decisiones sobre sus alcances. Lo que es válido para el mundo desarrollado, no lo es para el mundo subdesarrollado, obligado a seguir en su dinámica autoctonista y marginada de los avances de la ciencia y la técnica "apropiadas" para los habitantes del "Norte". De allí nuestra opción por el término "dialéctica" - o quizás más actual, "dialógica" -, al referirnos a una tecnología adaptada a los requerimientos materiales del diseño latinoamericano (11). Por último, el argentino Jorge Ramos, al utilizar el término "minimalismo ingenuo-pragmático" como categoría representativa del pobrismo imperante en el cono sur, intenta establecer una articulación entre los movimientos de la vanguardia internacional y la objetividad del contexto local (12).
Otros autores formulan definiciones que se acercan con mayor precisión a la especificidad regional. El arquitecto cubano Fernando Salinas centra su discurso sobre la "cultura ambiental" como máxima representación física de los avances sociales y económicos de un país en vías de desarrollo, factible si se vinculan entre sí la participación, las tradiciones populares y el saber profesional (13). A los factores sociales y económicos se suman las creencias y valores forjados en un contexto radicalmente diverso de la racionalidad europea. De allí el peso que aún conserva la definición de "real maravilloso americano" forjada en la década del cuarenta por Alejo Carpentier para diferenciar el Nuevo Mundo dentro del tronco cultural de occidente. Idea presente en las formulaciones teóricas sobre la arquitectura del argentino Claudio Caveri - concebida como núcleo ético-mítico de un pueblo (14) -; de la colombiana Silvia Arango, al trasponer las valoraciones literarias a la lectura de la arquitectura de Rogelio Salmona (15) y del mexicano Carlos Véjar quien utiliza la categoría de "realismo mágico" para enmarcar la obra de Luis Barragán (16).
A su vez, el martiniqueño Claude Yacoub y el chileno radicado en Costa Rica, Bruno Stagno, rescatan las categorías de "criolla" y "mestiza", al referirse a la arquitectura realizada en nuestra región. Más que el sitio o el contexto - elementos estables y constantes -, se otorga mayor importancia a la mezcla e interrelación de razas, etnias, idiomas, tradiciones y culturas (17). Sin embargo, discrepando del enfoque conceptual de Graziano Gasparini (18), es lícita su duda ante el carácter restrictivo y localista de estos términos, originados en una particular expresión de las edificaciones populares coloniales (19).
El problema básico de nuestra crítica arquitectónica radica en valorar la definición del equilibrio entre la incidencia de las corrientes externas y las elaboraciones locales. Toda la historia ambiental de América Latina está referida a los nexos - técnicos o profesionales - ineludibles con el mundo desarrollado. Recientemente, el crítico argentino Alberto Petrina ha interiorizado esta evidencia y a partir de ella, contrapone a la importación indiscriminada de modelos el principio de "traducción apropiada", cuya puesta en práctica conlleva la "trasgresión moderna" respecto a los códigos dominantes (20). Sin embargo, esta categoría resulta aún limitada a los términos linguísticos de la arquitectura. Se hace necesario encontrar una categoría que resuma el diálogo, las interrelaciones y la simbiosos final, no sólo de las formas sino también de los procesos socioeconómicos y culturales.
A través de su obra construída en Costa Rica, Bruno Stagno logró madurar una expresión "regional" y "contextualista" sin renunciar a la universalidad de los códigos formales y espaciales. Sus experiencias proyectuales concretas las encuadró dentro del concepto de "arquitectura del sincretismo" (21), cuyo alcance hemos extendido a la dimensión del entorno construído, con el término de "sincretismo ambiental", abarcador, tanto de una realidad socioeconómica como de su expresión cultural sobre el territorio (22). Despojado de sus connotaciones religiosas originarias (23) pero rescatando su identificación con los ritos y mitos caribeños (24), resume el crisol social antillano y la persistente interacción de corrientes diversas que conforman el marco construído. Asumidos los atributos constantes del lugar, clima y materiales - que condicionan las respuestas "vernáculas" (25) -, se suman a ellos la presencia de disímiles fenómenos sociales, económicos y culturales que, en sus recíprocas influencias, decantan una imagen compleja de la configuración del ambiente urbano y rural (26). Los extremos se unen, articulan y complementan sin abandonar el eje rector de la identidad cultural de la sociedad que los genera (27).
A pesar de la asimilación de modelos externos de los hábitos y formas de vida de los grupos "cultos" de la sociedad, perduran las tradiciones y creencias populares a los cuales no resultan ajenos los más sofisticados miembros de la comunidad: ancestrales ritos religiosos o sensuales danzas tropicales coexisten con el marxismo ortodoxo, el dominio de la biotecnología, el debate sobre el posmodernismo, el conceptualismo o el minimalismo (28). No desaparece el vínculo entre ciudad y campo ni el estrecho nexo entre ambiente artificial y natural; coincide la tradición artesanal con la tecnología avanzada; el aporte del conocimiento profesional progresista en busca de una propia respuesta identificadora de una realidad concreta unido a la participación popular de usuarios y constructores; la controlada racionalidad heredada de los colonizadores blancos con la violenta expresividad de mitologías conservadas desde la llegada de los esclavos africanos; las innovaciones formales y espaciales surgidas en los centros metropolitanos y su transcripción local, adecuadas a un sistema de valores, en algunos casos, radicalmente divergentes. A partir de este principio no cabe hablar de mímesis o eclecticismo: se materializa una persistente síntesis cultural del entorno producto de una elaboración creadora e inquisidora que nunca abandona los atributos de la tradición, asumidos dialécticamente y ajenos a un paralizante folclorismo romántico (29). Las Antillas conforman un micromundo dentro de América Latina. La constelación isleña constituye un factor de unión y de desunión al mismo tiempo. Llegar al ámbito mágico de la isla secreta y desconocida. Huir de los restringidos límites de la tierra circundada por el mar infinito. He aquí las latentes contradicciones: el aislamiento obligado del medio y la integración necesaria de la sociedad y la cultura con el universo circundante . Por ello ,la definición del Caribe como cruce de caminos implica la necesidad de confrontarse persistentemente con las corrientes culturales dominantes - externas e internas - en la gestación de la propia vanguardia, que refleje los anhelos y aspiraciones del colectivo social en la configuración de su modernidad ambiental.
2.2. - La Arcadia tropical
Al comienzo, se puede hablar de una sociedad caribeña que se conforma "en paralelo", con un alto grado de incomunicación (30) entre los grupos superpuestos: los indígenas sobrevivientes al exterminio masivo en la región causado por las masacres, la agotadora presión del trabajo esclavo y las epidemias traídas por los conquistadores; los colonizadores blancos que comprenden cultos prelados, ilustrados gobernantes y aventureros de toda laya; los sufridos esclavos africanos . Una vez superada la breve etapa de la factoría, la economía de plantación funciona con un grupo pequeño de población europea, - propietarios básicamente "absentistas" -, y una masa de trabajadores manuales en las áreas rurales. Esta estructura social, generalizable para las islas francesas, inglesas u holandesas, es diferente a la que rige en las islas españolas: en éstas la segregación entre los grupos raciales resulta menor al madurar, a partir del siglo XVIII, un acelerado proceso de "criollización" (31).
La divergencia se hace visible en la arquitectura señorial. En el primer caso, hasta el siglo XIX, la "villa" rural constituye el modelo hegemónico del hábitat de los ricos hacendados en las Antillas Menores. En el segundo, el "palacio" urbano expresa la significación otorgada a la vida social de la élite dentro de la ciudad. De allí que las mansiones coloniales construídas en Cuba, Puerto Rico o La Española nunca se alejaron de la tipología planimétrica establecida por el trazado compacto de la cuadrícula, aunque en algunos casos - Ponce y Santo Domingo -, no llegue a formar un tejido cohesionado. La volumetría cúbica delimitada por las calles y los muros medianeros define la estructura básica, complementada por patios con galerías interiores y portales exteriores: el palacio Aldama en La Habana, diseñado por el ingeniero Manuel José Carrero (1840), resulta representativo de la continuidad de esta alternativa. Esquema reiterado, inclusive, en las "fincas" rurales situadas en las áreas suburbanas - el barrio del Cerro en La Habana -, alejadas ya de la calle límite, sin que ello implique el abandono de la columnata frontal: su ascético rigor neoclásico caracteriza la Quinta de Santovenia (1838), uno de los mejores ejemplos de la arquitectura cubana del siglo XIX (32).
En el Caribe hispánico la primacía de la coherencia social sobre la autonomía individual, otorga mayor valor al contexto urbano que al edificio rodeado de parques y jardines. En pleno auge de las plantaciones azucareras y cafetaleras, los ricos propietarios puertorriqueños o cubanos no siempre prefirieron residir en la vivienda rural, de menor lujo y dimensiones que la casa urbana, inclusive aquella situada en núcleos periféricos: Ponce o San Germán en Puerto Rico; Trinidad, Sancti Spíritus o Sagua la Grande en Cuba. Cabe una comparación entre el desarrollo azucarero en el Valle de los Ingenios de Trinidad y el cafetalero en la Sierra Maestra, al oriente de Cuba. Los palacios de las familias Cantero o Brunet, que presidían el centro de Trinidad nunca fueron opacados por las cercanas fincas rurales. Por el contrario, en Santiago de Cuba, los emigrantes franceses de Haití construyeron pocos ejemplos significativos, nunca comparables con las edificaciones y exóticos jardines - La Isabelica o San Juan de Escocia -, perdidas en el corazón de las montañas orientales cubanas (33).
Entre los siglos XVII y XIX, el paisaje campestre de las islas se cubre de lujosas residencias, originadas en los modelos provenientes de Inglaterra, Francia y Holanda. Los primeros ejemplos reproducen los esquemas vigentes en Europa. No olvidemos que en los países colonizadores, existía una fuerte tradición de elaborados palacios solitarios en el medio natural: es el caso de los Chateaux de La Loire o de las palladianas réplicas inglesas situadas en los verdes prados del Derbyshire, Herefordshire o Leicestershire. La imagen material de la riqueza del propietario se manifestaba en el tamaño del edificio, su elaboración formal y la escala y diseño del contexto natural. Si bien los terratenientes eran "absentistas", ello otorgaba mayor importancia a los valores simbólicos de la casa provisional, porque su competitividad no se establecía con la residencia urbana de la isla - que no existía -, sino con el nivel arquitectónico de la homóloga residencia rural en Europa. Los beneficios extraídos por los aristócratas ingleses de Jamaica o Barbados permitían construir paralelamente tres viviendas: en la colonia, en Londres y en el campo inglés: es el caso de Robert Hibbert, Charles Long, Sir Thomas Beckford o un miembro de la familia de Lord Farnborough, que edificó Bromley Hill Place en Kent, famosa por sus jardines ornamentales (34).
La herencia clásica francesa y la tradición medieval inglesa están presentes en las plantaciones surgidas en los siglos XVII y XVIII. La gran construcción de piedra rústica con techumbre de madera de fuerte pendiente responde a la continuidad de las tradiciones vernáculas, ajenas a las variaciones estilísticas. Ella aparece en algunas de las residencias martiniqueñas o de las Antillas holandesas: Frègate, Pècoule y La Goule (las dos últimas de 1740); la mansión Brievengat en Curaçao (35). Al mismo tiempo, la influencia ejercida por Serlio y Palladio en el gusto de la nobleza y la burguesía europeas, llega también a las costas del Caribe con los correspondientes ajustes a las condiciones climáticas. La Ilustración rescata el "primitivismo" americano y lo vincula con las virtudes originarias de la civilización. El neoclasicismo busca sus raíces en la cabaña primitiva vitruviana (Marc. A. Laugier) y elabora las primeras teorías de adaptación "regionalista" (36). Las estructuras compositivas compactas y simétricas; las articulaciones volumétricas características de las fincas francesas y la persistencia de los detalles decorativos medievales túdor e isabelinos, aparecen en St. Nicholas Abbey, Barbados (1650); la villa Poincy de Martinica (1640); Mont Carmel en Guadalupe (1726); Good Hope, Stokes Hall y Colbeck Castle en Jamaica (1767); Chateau Murat en Maria Galante (37). Rose Hall, próximo a Montego Bay en Jamaica (1770), constituye el paradigma del palazzo renacentista monumental: su severa configuración clásica de piedra blanca se recorta sobre el paisaje sinuoso y denso de vegetación tropical (38).
En el siglo XIX madura la síntesis entre los elementos arquitectónicos de origen europeo y los factores condicionantes locales. El diseño del paisaje bucólico - contrapuesto a la regularidad del ámbito productivo - se suaviza con la presencia de las especies sensuales y carnosas. La disponibilidad de maderas preciosas y la trasposición de las técnicas constructivas de la industria naviera a las cubiertas - por ejemplo en la iglesia de Grand-Bourg en Marie Galante (39) -, y las divisiones interiores, aligera la imagen del edificio. La necesidad de protección solar y la transparencia necesaria para el paso de la brisa, circunda las mansiones de amplias y sombreadas galerías, - la verandah oriental - en algunos casos sustentadas por ligeras columnas de hierro. Los macizos muros exteriores son sustituídos por ventanas corridas o sistemas de ventilación - tablillas de madera, perforaciones en los cielorrasos para el paso del aire caliente, aberturas en los techos - que convierten a la vivienda en un "sistema" de acondicionamiento térmico.
En estas viviendas, el "sincretismo ambiental caribeño" aparece en el tratamiento de los espacios interiores. A diferencia de los sofisticados y cargados interiores europeos "de estilo", los ambientes cotidianos se hacen más claros y luminosos, los muebles adquieren una dimensión transparente y ligera: la rejilla tejida constituye el fondo dominante del equipamiento. La fluidez del espacio a través de tramas, celosías, bordadas por la filigrana gingerbread se corresponde con la dinámica de una vida social en la cual cuentan menos los rituales cortesanos que el contacto persistente con la naturaleza y el entorno circundante. La casa pierde el originario sentido introverso, de protección contra el mundo exterior y se convierte en un contenedor flexible y adaptable a la interrelación de las funciones internas. Se trata de una arquitectura referida a modelos "cultos" lejanos, elaborados localmente por constructores y diseñadores espontáneos, capaces de adaptar los atributos "estilísticos" a las exigencias de la vida real. Iniciativa que logra conformar un "paisaje" de personalidad específica urbana, como es el caso de la ciudad de Puerto Plata. Entre los ejemplos aislados más significativos se encuentran; Weatherhills Estate en Antigua (1890), transposición de la vivienda popular de madera por adición de módulos; Zèvalos en Guadalupe, con estructura de hierro producida por Eiffel y muros de ladrillos expuestos; Le Maud'Huy en Guadalupe (1873), realizada con piezas prefabricadas de madera traídas de Louisiana y la Devon House en Kingston, Jamaica (1881), cuya total transparencia interior y exterior, representa el climax del clasicismo "tropical", síntesis lograda entre la cultura europea y la adecuación a una realidad local concreta (36).
2.3.- La producción, inicios de la modernidad
A pesar del proceso de adaptación seguido por la vivienda señorial, ésta no se aleja totalmente de los parámetros estilísticos de origen europeo. Por otra parte, su proyección restringida a escala social no le hace jugar un papel significativo en la conformación del ambiente caribeño. Este rol le corresponde a las nuevas técnicas constructivas - el hierro y la madera - , que se introducen en las islas a partir de la Revolución Industrial, vinculadas a las transformaciones de las estructuras productivas. Durante los tres primeros siglos de dominación colonial el paisaje urbano y rural antillano estaba aún atado a los esquemas cultos o populares provenientes de las metrópolis, a pesar del uso de los materiales locales y la progresiva respuesta a la ecología. Entre 1830 - fecha en que se plantea la idea de introducir el ferrocarril en Cuba (41) - y la Crisis Mundial de 1929, se gesta el sistema arquitectónico que otorgará su personalidad identificadora al universo caribeño.
Esta afirmación puede resultar excesivamente categórica, y no dar cabida a posibles divergencias: ellas están presentes en las islas de origen hispánico, cuyas ciudades no se conforman en concordancia con este patrón. Sin embargo no eluden el condicionamiento general establecido por la dinámica económica: en menos de cien años, se reafirma la división internacional del trabajo establecida por los centros metropolitanos - en este caso los Estados Unidos de Norteamérica -, y al Caribe se le impone la producción en gran escala de azúcar, café, tabaco y frutas tropicales. Para alcanzar los índices requeridos de productividad - ya imposibles con la mano de obra esclava -, debe acompañarse a la máquina de vapor una eficiente infraestructura técnica: los almacenes portuarios, las líneas ferroviarias, los centros de abastecimiento o producción, las viviendas de los trabajadores.
En el caso del azúcar - cuya presencia resulta dominante en la mayoría de las islas -, este cambio se identifica con el tránsito del "ingenio" al "central". La similitud de las soluciones proviene de una técnica homogénea que corresponde a una centralización de las decisiones. Una empresa nacida en las últimas décadas del siglo XIX - la United Fruit Co. -, posee, a comienzos del XX, plantaciones en toda Centroamérica, Cuba, República Dominicana, Jamaica, etc. (42), y construye en los principales enclaves pueblos "espontáneos", equipados con hoteles, hospitales, oficinas, clubs sociales, comercios y barrios de vivienda, en su mayoría realizados con estructuras metálicas y el sistema "balloon frame" (43).
El carácter que identifica esta arquitectura es la "provisionalidad" y su estricta respuesta funcional, que reduce al mínimo los atributos simbólicos. Estos - los motivos clásicos que decoraban vigas y columnas - aparecían en los diseños de las piezas prefabricadas provenientes de las industrias situadas en Bélgica - Valentín Bataille -, Londres - William Harbrow -, Nueva York - American Patent Portable y H. W. Smith (44) -, Glasgow, Filadelfia, Chicago o Nueva Orléans. En la mayoría de los casos, eran enviados los edificios completos desmontados que luego se armaban in situ con obreros calificados: iglesias, escuelas, hospitales, mercados, almacenes. Han sido identificados algunos diseños de Eiffel en el continente - México y Chile -, mientras La Habana recibía una estructura metálica de James Bogardus, el pionero norteamericano de esta tecnología (45). También ocurría que edificios dirigidos a un destino, fueran construídos en un sitio erróneo, sin que por ello entraran en contradicción con el contexto circundante. Son conocidos dos ejemplos caribeños: el mercado de Puerto Príncipe, Haití (46) y el de Punta Arenas, Costa Rica, originalmente enviado a Chile.
Aunque la mayoría de los edificios de estructura metálica se realizaron sin la participación de arquitectos - resulta una excepción la presencia de George Brown en Puerto España, Trinidad (47) -, éstos lograron otorgar una particularidad propia al espacio urbano caribeño. La homogeneidad y buen diseño de los elementos constructivos; su uso a lo largo de las calles para configurar portales y galerías; la transparencia y continuidad de los espacios interiores en contacto directo con el ambiente externo de la ciudad, constituyeron factores de adaptación a la dinámica de la vida y a los requerimientos climáticos, más elaborados que las respuestas alcanzadas en el período colonial. El principio de "provisionalidad" de la arquitectura de la plantación es llevado a la estructura urbana otorgándole su personalidad definitiva, que la diferencia radicalmente de los núcleos poblacionales del continente. Se trata de un proceso de síntesis que surge de una necesidad económica, interiorizada socialmente y resuelta en formas y espacios que asumen la tradición anterior, materializando un contexto nuevo, conformador de la simbiosis "sincrética" caribeña.
A pesar de la hipotética rigidez identificada con los elementos metálicos prefabricados, la diversidad de diseños de los detalles - las bases y capiteles, los frisos y las tramas de balcones y balaústres -, caracteriza la dinámica formal de los intercolumnios a lo largo de las calles porticadas. Si a ello se agrega el cromatismo elaborado por el gusto espontáneo de los usuarios, resulta fácil imaginar la creatividad vivenciable en el espacio urbano de Puerto España, Jacmel, Puerto Príncipe o Castries. Un ejemplo de inserción estable de un edificio provisional se produce en Ponce: el imaginativo Pabellón de Productos e Industrias de la Feria de 1882, se convierte en el Parque de Bombas - Cuartel de Bomberos -, adosado a espaldas de la Catedral, actual imagen cromática simbólica de la ciudad (48). En dicho contexto predomina el edificio del mercado, centro simbólico de las ciudades antillanas. Ello se origina en la primacía de las funciones portuaria y comercial, definida por la dinámica mercantil de los productos enviados a las metrópolis, que invalidan la representatividad hispánica del Cabildo, el palacio de Gobierno, la Catedral o la Plaza de Armas.

Parque de Bombas, Ponce
Las relaciones sociales, la vida cotidiana y la participación social están presentes en el mercado. "Es el sitio y el momento de la organización de las fiestas comunitarias, el lugar público de la difusión de las informaciones, la sede de las organizaciones secretas" (49). Por ello no resultan contradictorias con la función las dos torres bizantinas que señalan simbólicamente su existencia en Puerto Príncipe, ni su localización en la plaza de la Catedral de Jacmel. Mientras en París las innovaciones formales y espaciales aportadas por Baltard en Les Halles no incidían en la vida urbana, en una escala similar a la Opera de Garnier; en Jacmel, el espacio cubierto multiuso del mercado, constituye la "megaestructura" que protege el acontecer diario en la plaza que delimita el sitio de la centralidad urbana. Fenómeno reiterado en Pointe-á-Pitre, Cap Haitien, Castries , Charlotte Amalie o Puerto Plata. En Cárdenas, la persistencia del clasicismo en la arquitectura cubana, incide también en las construcciones espontáneas. Los brazos axiales de las naves metálicas que culminan en las calles perimetrales del terreno, se originan en el centro de la manzana, magnificado por un gran espacio cupular que predomina en el paisaje de la ciudad.
En el panorama antillano de la arquitectura de la producción, Cuba presenta una particularidad propia: en La Habana estas estructuras funcionales se someten a las exigencias del ropaje académico - las tabaquerías -; mientras en las áreas rurales surgen, entre 1900 y 1930, las grandes "fábricas" de azúcar, gigantescas construcciones industriales de acero, circundadas por asentamientos poblacionales - los bateyes - realizados en la mayoría de los casos, con la estructura balloon frame (50). Los atributos conformadores de la personalidad ambiental caribeña, identificados con las construcciones seriadas de hierro y madera en la segunda mitad del siglo XIX, se extenden a todas las islas, inclusive República Dominicana en La Española. Menor significación alcanza en Cuba y Puerto Rico, ambas bajo el dominio español hasta 1898. En La Habana y San Juan, la imagen de la ciudad no asimila fácilmente la funcionalidad ajena a los simbolismos tradicionales de los edificios con estructura metálica o de madera. Cuando aparecen, se sitúan en alejados suburbios, tanto fabriles como recreacionales: por ejemplo, las industrias de papel en Puentes Grandes o la primera sede del aristocrático Havana Yacht Club - totalmente de madera -, en la playa de Marianao.
En el marco de vida de la burguesía, los atributos de las construcciones ferrovétreas quedan ocultos en los ambientes interiores: el tema del teatro tendrá particular importancia en la aplicación de innovaciones estructurales. En La Habana finisecular se construyeron el Payret, de estructura belga; el circo-teatro Janó y el Irijoa (hoy Martí) y el Politeama (51). Característica también presente en los mercados: el del Vapor y el de Colón (1882-1884), del arquitecto Emilio Sánchez Osorio, cuyos portales neoclásicos escondían una moderna cubierta metálica importada de Bélgica. Resulta una excepción la presencia del techo acristalado de la galería de acceso al hotel Pasaje - hoy convertido en una sala deportiva polivalente (1991) -, primer paseo cubierto de la ciudad, dentro de la tónica de los modelos parisinos.
Entre 1880 y 1920 - fecha en que se extiende el uso del hormigón armado -, las columnas y vigas de hierro aparecen en los almacenes portuarios y en los depósitos de mercancías vinculados a los comercios, situados en el centro histórico de La Habana. Las fachadas académicas tomadas de los tratados italianos o españoles ocultan al exterior las innovaciones técnicas presentes en los espacios interiores. Al mismo tiempo, en el área que contendrá el sistema simbólico de la centralidad a partir de 1900 - el reparto Las Murallas, también identificado como el "ring" (52) -, se instalan diversas fábricas de tabaco: Partag·s frente al Capitolio Nacional; la American Tabacco Co. (1902), adosada al Palacio Presidencial. Resulta un hecho totalmente original la contiguidad entre proletariado y burguesía en un espacio definido por las funciones más jerarquizadas de la clase dominante. De allí el carácter "palacial" de los monumentales centros de producción de cigarrillos y tabacos - "La Excepción", "La Meridiana" o de Bances y López (53) -, cuyas fachadas macizas ritmadas por los órdenes clásicos no transparentan las plantas libres sustentadas por ligeras columnas metálicas.
2.4.- Hábitat: dependencia y participación popular
La vivienda típica antillana es el resultado de varios componentes básicos: a) los antecedentes indígenas originarios; b) la cabaña de los pueblos africanos (54); c) la tipología de la vivienda popular europea; d) la estructura balloon frame y e) el modelo inglés del bungalow. De la articulación entre los factores citados y la incidencia de atributos disímiles, se forja, a finales del siglo XIX e inicios del XX, la tipología dominante del hábitat caribeño. Se trata de una concepción global que luego adquiere múltiples variantes, tanto en el contexto rural y urbano como en los modelos adoptados por los distintos grupos sociales. Paralelamente subsiste la vertiente hispánica de la casa mediterránea de mampostería ubicada dentro de los límites de la manzana cartesiana, bloqueada externamente e introvertida hacia el patio porticado interior. Se trata de la alternativa urbana predominante en Cuba, Puerto Rico y República Dominicana, similar a la mayoría de las soluciones difundidas por el continente latinoamericano, que caracteriza el período colonial. Esta tipología no incide en el proceso de renovación del hábitat de finales de siglo y reaparecerá en la década de los años veinte, reintepretada por el estilo Neocolonial.
La imagen de la prístina cabaña vitruviana constituye el modelo universal de la célula habitacional campesina. Realizada en piedra, ladrillo, madera o tabla de palma, en concordancia al contexto ecológico en el cual se ubica, define una unidad espacial que se origina en los componentes constructivos y la dimensión fijada por el núcleo familiar básico. De allí el nexo directo que existe entre los "bugios" o "conucos" de caribes, taínos o siboneyes (55) las cabañas de las tribus africanas o los habitáculos de los campesinos pobres canarios (56). Resultan restringidas las variaciones de los prototipos básicos - planta circular o rectangular, techos cínicos o a dos aguas, uso de la madera, palma, yagua y guano -, elaborados por los pobladores autóctonos (57). Sus relaciones espaciales - internas y a escala urbanística -, y las alternativas tipológicas establecidas por las jerarquías sociales y la organización de la vida comunitaria de los indígenas quedan truncas una vez que los conquistadores españoles cambian el régimen productivo y diezman la población local. Las configuraciones distributivas de los pueblos africanos no se reproducen en las Antillas, al sustituir los esclavistas la vivienda individual familiar por las condiciones infrahumanas imperantes en el barracón de ingenios y plantaciones (58).
El bohío se convierte en un elemento aislado, autónomo, símbolo del campesino libre o de la ansiada libertad comprada por el esclavo africano. La abolición de la esclavitud en el siglo XIX facilita la creación de comunidades campesinas al margen de las plantaciones. Estructuradas con una distribución arbitraria o desordenada; linealmente a lo largo de caminos y vías de comunicación, ellas recuperan el concepto de vida comunitaria y establecen una variación regional de la tipología de la vivienda vernácula (59). Con la difusión de los elementos tipificados de madera (ballon frame), y el uso de la cubierta de chapa de zinc que se generalizan en toda la región, la vivienda campesina tiende a romper con la monótona seriación de la imagen, para identificar la personalidad del usuario. No sólo las unidades quedarín diferenciadas por los materiales, el marco ecológico - por ejemplo, el tipo palafético en zonas anegables -, las dimensiones de las células básicas (60) y su esquema de crecimiento, sino también por los valores culturales que identifican el carácter de la entrada - como representación del tránsito de la agresividad del mundo exterior a la protección del núcleo familiar -, su ubicación en la fachada, los componentes decorativos y el tratamiento del espacio interior, el mobiliario y los atributos simbólicos y religiosos que responden a ancestrales tradiciones populares. La case o kaz (en creóle) condensa y representa los mitos de una civilización, haciéndolos visibles al mundo exterior a través de la experiencia individual. Es algo similar a los mensajes gráficos y figurativos que aparecen en todos los microómnibus de Haití: la modernidad de la vida urbana no puede eliminar la espontánea creatividad de los miembros de la comunidad.
Los estudios realizados por Jack Berthelot y Martine Gaumé, demostraron las complejas variaciones existentes entre las viviendas vernáculas de cada una de las islas, motivadas por las disímiles tradiciones culturales de los usuarios. En ellas se manifiestan particularidades comunes con las múltiples lenguas habladas en el Caribe, el sincretismo religioso y las mezclas raciales de diferente origen . A pesar de los limitantes materiales y técnicos, esta arquitectura "sin arquitectos" posee una personalidad propia que la diferencia de las construcciones espontáneas de otras regiones de América Latina. Esta originalidad expresiva de la participación popular, duradera en el medio rural, se pierde en el contexto urbano. Cuando las viviendas de madera son construídas por especuladores o empresarios - en Panamá para albergar a los trabajadores del Canal (61); en La Habana, los solares o cuarterías en el barrio de Cayo Hueso para los tabaqueros (62), o en la nueva zona de expansión de Puerta de Tierra, San Juan de Puerto Rico (63) -, y adoptan la típica solución de viviendas pareadas o en tira, desaparecen los rasgos identificadores de la célula individual.
Si nos referimos al hábitat de la clase media urbana o rural, encontramos una menor participación a escala del usuario, pero al mismo tiempo, una mayor diversidad de las tipologías planimétricas, espaciales y simbólicas. Aquí no sólo aparece una técnica constructiva importada de Norteamérica - el balloon frame (64) -, sino un sistema proyectual basado en la difusión de modelos de viviendas por medio de catálogos. A raíz del fuerte crecimiento poblacional en Estados Unidos, con posterioridad a la Guerra de Secesión y la expansión hacia el oeste, se hace presionante la demanda de viviendas urbanas y rurales. Por una parte, la proliferación de pueblos en California por la fiebre del oro (1848); luego la ocupación de los territorios arrebatados a México y el desarrollo industrial en las ciudades del Medio Oeste, asienta una población necesitada de un hábitat que excede sobremanera las posibilidades de diseño de los arquitectos existentes. La visión de futuro de algunos profesionales encuentra la solución del problema: realizar proyectos típicos, con una considerable variedad de tamaños y características formales - divididos en dos grandes grupos: para clima frío (gótico); para clima cálido (villa italiana mediterránea); para ambiente rural (rústico o pintoresco); para exigencias heterodoxas (estilo oriental o morisco). Samuel Sloan, George E. Woodward, Andrew Jackson Downing y otros, publican libros y carpetas por miles de ejemplares con perspectivas, planos y detalles constructivos de viviendas - básicamente de madera -, que se ejecutarán masivamente en el país y serán exportados al extranjero (65). Toda la cuenca del Caribe es sometida a esta influencia, no sólo por las soluciones "tropicales" de algunos de los proyectos, sino debido al peso alcanzado por los inversionistas norteamericanos, quienes equipan con infraestructuras los nuevos latifundios adquiridos en Centroamérica y las Antillas.
A esto se agrega la búsqueda de soluciones arquitectónicas idóneas para la faja "cálida" del planeta, en su mayor parte integrada al Imperio de la Reina Victoria . Las posesiones británicas en Africa, India y el Caribe, requieren viviendas adecuadas para los administradores de los territorios coloniales. De la arquitectura popular hindú se extrae el modelo típico del bungalow - el banggolo, cabaña rural en Bengala -, de una sola planta cuadrada simétrica, con galería perimetral - la verandah - y techo en pendiente a cuatro aguas: esta imagen se convierte en el símbolo del poder imperial inglés (66). En un comienzo, se construyen artesanalmente, con los materiales locales - madera, ladrillo y techo de tejas o paja -, luego, en la medida en que aumenta la demanda de viviendas para los diferentes niveles de la estructura jerárquica del ejército, la administración, y los técnicos diseminados por el mundo para instalar los ferrocarriles o explotar las minas, se desarrollan empresas productoras de modelos prefabricados de madera, hierro, chapa metálica, zinc corrugado y a principios del siglo XX, también de asbesto-cemento. En los proyectos, al aspecto constructivo se suma la adecuación al clima: se elaboran sofisticados sistemas de ventilación forzada; detalladas carpinterías y celosías para evitar la entrada del sol y los insectos; soluciones de techo inclinado y cielorraso plano que favorezcan el aislamiento térmico (61).
Si bien los primeros esquemas de la vivienda colonial inglesa poseen un carácter predominantemente funcional, en la medida en que se diferencian social y económicamente los usuarios surge la necesidad de otorgarle atributos simbólicos. Proceso similar al que ocurre en Estados Unidos en los proyectos contenidos en los catálogos. La primacía de las soluciones de techos inclinados - apropiados para las zonas de copiosas lluvias - favorece el uso de elementos decorativos medievales sobre la reposada geometría de los ordenes clásicos. Aunque se difundieron ejemplos de casas de madera con ornamentación grecorromana - mansiones situadas entre Virginia y Nueva Orléans -, el carácter volumétrico de la tradición clásica no se prestaba a las exigencias decorativas de las estructuras laminares de madera. Se justifica entonces, la adpción del Neogótico en los modelos diseñados por Downing, - creador del carpenter gothic -, basados en la libertad decorativa orgánica de las formas vegetales fácilmente realizadas con plantilla para su ejecución con las sierras mecánicas. El "estilo" gingerbread se generaliza en Estados Unidos, Inglaterra y se extiende a toda la región caribeña (68). Su complejidad formal resulta una compensación visual a la hipotética pérdida de jerarquía arquitectónica, al sustituírse la piedra, el ladrillo y el mármol por la madera, ajena ya a la "modenatura" volumétrica de la cultura clásica. La filigrana del gótico, en cambio, carente de espesor y factible de ejecutar en los repetitivos movimientos de la máquina, deja amplio margen a la imaginación creadora de una infinitud de trazados geométricos curvilíneos que a la vez cumplen la función de tamizar la luz tropical y filtrar la indispensable brisa hacia los espacios interiores.
Aunque los catálogos constituyen el punto de partida de la tipología de la vivienda caribeña de madera, no se trató de una traslación mecánica de diseños norteamericanos, ingleses o franceses a las islas. Gran parte de las casas se construían in situ con carpinteros locales quienes interpretaban libremente los planos originales. Ello produce una variedad regional de motivos ornamentales del gingerbread - por ejemplo se reconoce fácilmente el arco trilobulado de Puerto Plata en República Dominicana (69) -, o la similitud de detalles en sitios distantes entre sí, debido a la movilidad de los artesanos - predominantemente West Indians - por las Antillas y en Centroamérica en busca de trabajo (70). Excede los límites de este estudio un análisis detallado de los modelos de casas victorianas antillanas y sus relaciones con los paradigmas norteamericanos (71), pero cabe señalar que la mayoría de las islas poseen ejemplos de mansiones o modestas viviendas ricamente elaboradas, en términos planimétricos, espaciales y decorativos: citemos las existentes en Port Antonio, Jamaica; Puerto Plata y Santiago de los Caballeros en República Dominicana; Puerto Príncipe y Jacmel en Haití; Santiago de Cuba, Matanzas y Varadero en Cuba; San Germán y Ponce en Puerto Rico (72) y en la mayoría de las capitales de las Antillas Menores. La proyección de esta tipología de la vivienda a escala mundial, desde comienzos del siglo XX, ha identificado el gingerbread - por el arquitecto Bruno Stagno (73) -, como el primer "Estilo Internacional", en el cual la masividad no queda reñida con la diversidad y originalidad de las soluciones. Por ejemplo, existe una diversidad de esquemas de ventanas, cuya concepción difiere en cada una de las islas: la caja perforada que la enmarca en Barbados o el volumen triangular de la demara window en Guyana (74). Todavía hoy se admira la modestia naíve de los diseños; el equilibrio existente entre la expresión individual y la unidad contextual; el orden y la honestidad impuesta por los materiales y las técnicas constructivas, ajenas a las arbitrariedades kitsch actuales de usuarios y proyectistas.
El aporte más significativo en la definición de una expresión antillana está presente en el tratamiento del espacio interior. La reducción del tamaño de los terrenos y del número de miembros de la familia y de la servidumbre hace imposible conservar los dilatados patios interiores de las viviendas coloniales. Por lo tanto se reduce el ámbito a la interperie y éste se convierte en un espacio cubierto: el zaguán es ahora el corazón de la casa. Cumple varias funciones: primero, elemento de conexión entre las diversas habitaciones; segundo, núcleo de la vida social, desempeña el papel de sala o eventualmente comedor - en la mansión del doctor Yamil Galib (originaria de Ortiz Perichi) en San Germán, Puerto Rico -; por último, establece el efecto chimenea en la ventilación cruzada creada en el interior de la vivienda. Su cubierta ligera - en algunos casos con lucernarios - se eleva por encima de los techos de las habitaciones, ubicándose en los paños laterales, tablillas de madera o cristal que permiten la salida del aire caliente. El zaguán cumple la doble función de cohesionador social y componente técnico y ecológico de la residencia. La tradicional casa-patio es reinterpretada en la modernidad por la casa-zaguán.
El desarrollo del sistema habitacional promovido por la dimensión latifundista de la plantación condiciona, a su vez, el carácter de las estructuras urbanas. Las instalaciones de la United Fruit y de los centrales azucareros requieren de una multiplicidad de pequeños pueblos, tanto en las áreas agrícolas como en las zonas portuarias a lo largo de las costas: en Panamá surgen Colón, Balboa, vinculadas a la creación del Canal, mientras la exportación de frutas tropicales genera AncÛn, Corozal, Almirante y Bocas del Toro; Puerto Limón en Costa Rica. En República Dominicana se fundan, como apoyo al azúcar, Sánchez, en la bahía de Samaná, y La Romana en proximidad de San Pedro de Macorís. En Puerto Rico, el Central Aguirre constituye la principal fábrica de azúcar de la isla (75). En Cuba se produce un fenómeno de colonización por grupos de agricultores norteamericanos y de origen europeo - alemanes y suecos -, que se instalan en diversas regiones del país para impulsar las plantaciones de cítricos: entre las más importantes se encuentra el pueblo de Nueva Gerona en la Isla de Pinos (actual Isla de la Juventud); en Camagüey se fundan La Gloria Colony donde se asientan tres mil norteamericanos (1914), Ceballos, Palm City, Riverside y Canet (76). En la provincia de Oriente, culmina el Ferrocarril Central llevado a cabo por Sir William Van Horne quien crea el puerto de Antilla (1907) en la Bahía de Nipe en coordinación con la United Fruit , cuyas principales instalaciones se ubican en el pueblo de Banes en la provincia de Holguín (77). Paralelamente surgen los colosos cubanos de la industria azucarera - el central Hersey (1919) en la provincia de La Habana; el Jaronú (1921) en Camagüey; el Chaparra (1901) y el Delicias (1911) en Las Tunas; el Preston (1907) en Holguín.
En la mayoría de los casos se adopta una cuadrícula regular, cuyo centro está formado por un parque rodeado de los servicios comunitarios esenciales. Las viviendas de madera, responden a esquemas diversos de acuerdo con la categoría social de los usuarios. En los bateyes azucareros existe una férrea segregación de clase que se expresa en las características diferenciadas de la arquitectura, desde la residencia aislada del propietario o administrador, rodeada de fuentes y jardines, hasta el barracón de los cortadores de caña, negros, chinos o jamaiquinos, que mantiene las características originales de las viviendas de los esclavos. Entre ambos extremos se encuentran las casas de los empleados norteamericanos, de los cubanos, de los técnicos de la industria, cada una de ellas con dimensiones y formas de agrupamiento diferentes: a) el modelo de bungalow aislado; b) las tiras de casas de madera pareadas con galerías a lo largo de las calles; c) el sistema planimétrico curvilíneo "pintoresco" aplicado en el central Aguirre de Puerto Rico. Resulta una excepción el batey del central Jaronú en Camagüey (1919-1921) - uno de los mayores del mundo, perteneciente a la American Sugar Refining Co., con propiedades en Hawai y Filipinas -, construído en mampostería con motivos clásicos palladianos y reminiscentes de Boullèe y de las Salinas Reales de Ledoux que unifican el tratamiento de todos los edificios, desde la mansión del administrador hasta el barracón de los trabajadores manuales (78).
En resumen, mientras las estructuras de hierro aplicadas a los edificios sociales conservan la trama urbana compacta de las ciudades caribeñas, el hábitat surgido de la técnica del balloon frame se corresponde con el asentamiento disperso que genera el modelo anglosajón, basado en la autonomía de la vivienda individual. O sea, que los primitivos núcleos coloniales de trazado unitario, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, se complementan con los barrios residenciales suburbanos que reproducen el esquema de la Ciudad Jardín. La "provisionalidad" de la arquitectura de madera asumida de la plantación ha entrado en algunas ciudades antillanas con un efecto disgregador y desintegrador de los esquemas planimétricos originarios.
ARQUITECTURA ANTILLANA DEL SIGLO XX
CAPITULO
1: X RAICES DEL UNIVERSO ANTILLANO
CAPITULO 2: EL SINDROME DE LA PLANTACION
CITAS
1) Marco Frascari, Monsters of Architecture, Rowman & Littlefield Publishers, Maryland, 1991. Metáfora que demuestra la existencia de otras alternativas al modelo apolóneo griego, también en la modelística de la arquitectura.
2) Hal Foster, "Neo-futurismo: architettura e tecnologia", en Georges Teyssot (Edit.), La citté del mondo e il futuro delle metropoli. Electa/XVII Triennale, Mil·n, 1988, pág. 178. "Anuncio de la AT&T: La empresa se preocupó por romper la lejanía, la soledad, la separación...(constituye) un vasto y global network de networks como expresión global de la política de las multinacionales."
3) Joseph Lluis Mateo, "NY to LA", Quaderns d'Arquitectura i Urbanisme, No. 184, Barcelona, enero/febrero/marzo, 1990, pág. III.
4) Marina Waisman, "Cuestión de "divergencia". Sobre el regionalismo crítico", Arquitectura Viva No. 12, Madrid, mayo-junio, 1990, pág. 43.
5) AAVV, Diccionario de Filosofía, Editorial Progreso, Moscú, 1984, pág. 222. "La identidad está enlazada inseparablemente con la diferencia y es relativa." Jacques Lafaye utiliza el término de "alteridad". Ver: Nara Araújo, "Apuntes sobre el valor y significado de la identidad cultural", Unión No. 8, La Habana, octubre/noviembre/diciembre, 1989, pág. 13.
6) Kenneth Frampton, "El regionalismo crítico: arquitectura moderna e identidad cultural", A&V, Monografías de Arquitectura y Vivienda, No. 3, Madrid, 1985, pág. 20. "El término regionalismo crítico no pretende denominar lo vernáculo tal como se produjo espontáneamente por la interacción combinada de clima, cultura, mito y artesanía, sino más bien identificar aquellas recientes "escuelas" regionales cuyo propósito ha sido representar y servir, con un sentido crítico a las limitadas áreas en que están asentadas." Concepto cuestionado por Tzonis y Lefaivre, quienes, rapidamente adaptados al mundo "unipolar", lo convirtieron en "realismo crítico", en el Seminario sobre "Contexto y Modernidad" celebrado en Delft, Holanda en 1990. Ver: Marina Waisman. "Delft: re(gion)alismo", Arquitectura Viva No. 14, Madrid, septiembre/octubre, 1990. pág. 78.
7) Antonio Toca, Nueva arquitectura en América Latina: presente y futuro, G. Gili, México, 1990, pág. 223.
8) Ramón Gutiérrez, "Desde Resistencia. A propósito de Vísperas colombinas", Arquitectura Viva No. 17, Madrid, marzo/abril, 1991, pág. 96; Alberto Petrina, "En camino" (comentario a Cristián Fernández Cox, "Identidad y Arquitectura actual: pensando desde ac·"), Summa No. 257/8, Buenos Aires, enero/ febrero 1989,pág. 71."(Regionalismo crítico)..flamante "corsÈ" teórico con que el Norte pretende poner una vez más en vereda a los nativos del Tercer Mundo, tan exóticos, tan creativos, tan naifs, pero también, tan molestos y aún peligrosos si se les deja librados a sus impredescibles antojos."
9) Enrique Browne, Otra arquitectura en América Latina, G. Gili, México, 1988, pág. 12.
10) Cristián Fernández Cox, " O Regionalismo crítico o modernidad apropiada ?",Summa No. 248, Buenos Aires, abril 1988, pág. 63.
11) Roberto Segre, "El diseño industrial en Cuba", Ponencia al XIII Congreso Mundial del ICSID (International Council of Societies of Industrial Design), Milán, 1983. Término también utilizado por Fernando Salinas en su texto " Hacia una arquitectura dialéctica", en De la arquitectura y el urbanismo a la cultura ambiental, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Guayaquil, Guayaquil, 1985, pág. 26. Una actualización del término aparece en, "Entrevista a Massimo Canevacci", AV,Arquitetura,Urbanismo, No.40, San Pablo, febrero/marzo 1992, pág. 78.
12) Jorge Ramos, "Tres categorías para el estudio de la arquitectura latinoamericana", Summa No. 276, Buenos Aires, agosto 1990, pág. 108.
13) Fernando Salinas, "Carta abierta desde Quito a los arquitectos latinoamericanos", en op. cit., pág. 71. "El ambiente es el individuo o la colectividad en su sociedad y el entorno que los rodea en todas sus modalidades y relaciones. La cultura ambiental es el conjunto de los ambientes que conforman nuestro proceso histórico, nuestro presente y las aspiracio- nes al porvenir. Es memoria, realidad e imaginación."
14) Claudio Caveri, Los sistemas sociales a través de la arquitectura. Organización popular y arquitectura latinoamericana. Cooperativa Tierra, Buenos Aires, 1976, pág. ll. Ver también: Ficción y realismo mágico en nuestra arquitectura, Editorial CP67, Buenos Aires, 1987.
15) Silvia Arango, "Notas sobre tres casas de Rogelio Salmona". Proa No. 317, Bogotá, abril 1983, pág. 32. "Habituados a convivir con lo absurdo, a aceptar lo inaceptable en la vida cotidiana, aprendemos que nuestra más auténtica verdad se encuentra en asumir la promiscuidad entre realidad y ficción."
16) Carlos Véjar, "Entre Luis Barragán y Juan Rulfo. El realismo mágico en la arquitectura y las letras mexicanas", Plural No. 209, México, febrero 1989, pág. 32.
17) Bruno Stagno, "Hacia una arquitectura humanista y mestiza", Habitar No. 15, Revista del Colegio de Arquitectos de Costa Rica, San José, septiembre 1984, pág. 16; Claude Yacoub, "Criollidad-Modernidad", Ponencia a la 3a. Bienal de Arquitectura de Santo Domingo, Santo Domingo, 1990.
18) Graziano Gasparini, América, Barroco y Arquitectura, Ernesto Armitano, Caracas, 1972, pág. 28. El autor se opone al uso del término "mestizo" ya que el mismo..."pretende señalar una peculiar expresión autónoma y americanista" que no existe en nuestra arquitectura, porque "estéticamente la consideramos como una actividad que es extensión del sentir arquitectónico europeo. Una actividad repetitiva y provincial, (subrayado nuestro) que, sin embargo, logra su especificidad a través de múltiples y diferentes aportes."
19) El término "arquitectura mestiza" fue empleado por Harold. E. Whethey en su obra Colonial Architecture and Sculpture in Perú, Cambridge, 1949. A partir de entonces ha suscitado fuertes polémicas entre quienes refutan su validez - Graziano Gasparini y George Kubler -; quienes le otorgan un alcance limitado en tiempo y espacio - José A. De Mesa y Teresa Gisbert , lo ubican en el área comprendida entre Arequipa y el lago Titicaca (1680-1780) -; y quienes lo asumen con un carácter genérico. Entre ellos citemos a J. García Bryce, Carlos Arbeláez Camacho, Mario Buschiazzo y Emilio HartTerré. Ver: Graziano Gasparini, "Encuesta sobre el significado de la arquitectura barroca hispanoamericana", Boletín del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas No. 1, Universidad Central de Venezuela, Caracas, enero 1964, pág. 29; José De Mesa y Teresa Gisbert, "Renacimiento y manierismo en la arquitectura "mestiza", Boletín del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas No. 3, Universidad Central de Venezuela, Caracas, junio 1965, pág. 9.
20) Alberto Petrina, "La arquitectura regional como trasgresión" , en Arquitectos de América Latina y el Caribe, Cuarta Bienal de La Habana, Centro "Wifredo Lam", La Habana, 1991, pág. 4.
21) Bruno Stagno, "Algunos antecedentes para una arquitectura en Costa Rica", Ponencia presentada al Primer Encuentro de Arquitectura de Centroamérica y el Caribe, Colegio de Arquitectos de Costa Rica, San José, 2/7, julio, 1990, pág. 11.
22) Synkretismus, en griego, coalición de dos adversarios contra un tercero. Su etimología originaria se asocia a las contradicciones existentes entre los griegos y los cretenses: syn (con), kretitzo (obrar como un cretense, impostor). El teólogo luterano Calixtinus (1586-1656) lo utilizó para identificar la posible conciliación entre el catolicismo y el protestantismo. Si bien fue empleado despectivamente por Voltaire y Kant, en la actualidad ha sido rescatado como representación de una cultura forjada por múltiples interacciones. Enciclopedia Universal Ilustrada (Europeo-Americana), Espasa-Calpe, Madrid, 1927, tomo LVI, pág. 493.
23) Diversos autores se han referido a la interacción que se produce en el Caribe entre la magia indígena, el culto católico y las concepciones supranaturales africanas. Ver: Jesús Guanche, Procesos etnoculturales de Cuba, Editorial de Letras Cubanas, La Habana, 1983; Gerardo Mosquera, "Africa dentro de la plástica caribeña", en Plástica del Caribe, Editorial de Letras Cubanas, La Habana, 1989, pág. 137.
24) Antonio Benítez Rojo, La isla que se repite. El Caribe y la perspectiva posmoderna. Ediciones del Norte, Hanover, 1989, pág. xxvii. "En el caso del Caribe es fácil ver que lo que llamamos cultura tradicional se refiere a un interplay de significantes supersincríticos (subrayado nuestro) cuyos "centros" principales se localizan en la Europa preindustrial, en el subsuelo aborígen, en las regiones subsaharianas de Africa y en ciertas zonas insulares y costeras del Asia meridional".
25) J.B. Jackson, "Vernacular", en G.De ong, Helen Searing y Robert A.M. Stern (Edit.), American Architectura, Innovation and Tradition. Rizzoli, Nueva York, 1986, pág. 143. "Según R.W. Brunskill en A Handbook of Vernacular Architecture (Londres, 1973), estilo vernáculo es la creación de una tradición constructiva local, utilizando formas, materiales y técnicas durante largo tiempo familiares en una región. Una vivienda vernácula es el producto de un artesano local y los cambios del usuario."
26) Jean-Pierre Sainton, "AperÁu Historique", en Jack Berthelot y Martine GaumÈ, L'Habitat populaire aux Antilles. Editions Perspectives Créoles, Pointe-á-Pitre, 1982, pág. 45. El autor asume el "sincretismo" cultural como una expresión interna, al decir: "La cultura antillana, específica y original, no es el resultado de un cruce ni la yuxtaposición de las culturas europeas y africanas, como se suele decir...El modo de habitat antillano es una creación original".
27) El escritor venezolano Arturo Uslar Pietri vincula el proceso de mestizaje que se produce en América con la expe- riencia del sincretismo. Arturo Uslar Pietri, "América Latina y el pecado original", ABC, Madrid, 16/11/1988, reproducido en Revolución y Cultura No. 4, La Habana, abril 1991, pág. 60.
28) Paolo Gasparini y Edmundo Desnoes, Para verte mejor América Latina, Siglo XXI, México 1972, pág. 31: "En Latinoamérica se forman capas sucesivas - sobre las estelas, iglesias y vodú, y sobre las iglesias y el vodú, ferrocarriles y bandera, y sobre los ferrocarriles y la bandera, botellas de Coca-Cola, la hoz y el martillo -, y todas ellas sobreviven simultáneamente, muchas veces cerradas sobre sí mismas; así nuestra torre de Babel se llena de lenguas e imágenes".
29) Cristián Boza, "Arquitectura latinoamericana: tradición y modernidad", Ars, Revista Latinoamericana de Arquitectura, No. 10, Santiago de Chile, mayo 1988, pág. 44. Su visión de la arquitectura caribeña resulta errónea al no comprender el constante proceso de síntesis que generan las sucesivas imposiciones técnicas o formales externas.
30) Manuel Moreno Fraginals, "Encuentro de culturas: la conquista-colonización de Cuba como fenómeno cultural", Temas No. 14, La Habana, 1987, pág. 5.
31) Luis Aponte-París, Casas y Bohíos. Territorial Development and Urban Growth in XIX Century Puerto Rico. Tesis de Doctorado, Universidad de Columbia, Nueva York, 1990, pág. 70.
32) Joaquín E. Weiss, La arquitectura cubana del siglo XIX. Publicación de la Junta Nacional de Arqueología y Etnología, La Habana, 1960, pág. XV.
33) Marta Lora y Maritza Espinosa, "La arquitectura cafetalera del siglo XIX en Santiago de Cuba", Arquitectura y Urbanismo Vol. X, No. 1, La Habana, 1984, pág. 18. En San Juan de Escocia perduran los restos de un exótico jardín de piedra, configurado por 12 diseños geométricos diferentes.
34) Eric Williams, Capitalismo y Esclavitud, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pág. 73.
35) David Buisseret, Historic Architecture of the Caribbean. Heinemann, Londres, 1980, pág. 12.
36) Enrique Vivoni, "La importancia de las crónicas caribeñas en los conceptos arquitectónicos de la Ilustración francesa", La Torre, Número Especial, Año V, San Juan, 1990, pág. 215. En 1776 M. D'Albaret publica el primer tratado que aparece en Europa con referencias "tropicales": Différents Projects au Climat; et la maniére la plus convenable de bátir dans les pays chauds, et particuliérment dans les Indes Occidentales, GravÈ par CRG Pouleau, París.
37) José A. Gelabert-Navia, "La villa antillana y los complejos vientos de la historia", Plástica, Revista de la Liga de Arte de San Juan, No. 15, San Juan, septiembre, 1986, pág. 15.
38) Jenny Tollenay, "Souvenirs du Venezuela", París (1884), en Nara Araújo (Comp.) Viajeras al Caribe. Casa de las Américas, La Habana, 1983, pág. 354. En los visitantes, causaba sorpresa el vínculo entre el paisaje y la vivienda señorial. "La casa del almirante merecía este nombre. Un grito de admiración se nos escapó cuando nos encontramos ante el magnífico panorama que de repente se desplegó ante nuestra mirada. La isla entera de Martinica, con sus costas sinuosas, ora formadas de rocas elevadas, ora bajas y cubiertas de plantaciones, se extendía ante nosotros".
39) Blanca Niño Norton, "Arquitectura victoriana tropical en el Caribe guatemalteco", Carlos Flores Marini (Rel.) Memoria del 2o. Festival Internacional de Cultura del Caribe. Consejo Nacional por la Cultura y las Artes, México, 1989, pág. 270. Marie Galante. L'ile aux cents moulins, Fotos Philippe Giraud, Conseil Général de la Guadaloupe, Pointe á Pitre, s.f..
40) Suzanne Slesin, Jack Berthelot, Stafford Cliff, Martine GaumÈ, Daniel Rosensztroch, Caribbean Style. Clarkson N. Potter, Nueva York, 1985.
41) Oscar Zanetti, Alejandro García, Caminos para el azúcar. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1987, pág. 32. Cuba colonial,que anticipa en diez años a España, es el primer país de América Latina y el séptimo del mundo, en poseer una línea de FFCC.
42) Oscar Zanetti, Alejandro García, United Fruit Company: un caso de dominio imperialista en Cuba. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1916, pág. 43.
43) Las principales instalaciones se localizaron en Banes, en la costa norte de Cuba y en Almirante, Bocas del Toro, Panamá. Ver: Samuel A. Gutiérrez, La Arquitectura en dos Archipiélagos Caribeños. Estudio comparado de Bocas del Toro, Panamá; San Andrés y Providencia, Colombia. EUPAN, Ciudad de Panamá, 1986, pág. 34.
44) Ramón Gutiérrez, Arquitectura y Urbanismo en Iberoamérica. Ediciones Cátedra, Madrid, 1983, pág. 416.
45) Sigfried Giedion, Spazio, Tempo ed Architettura. Lo sviluppo di una nuova tradizione. Ulrico Hoepli, Milán, 1954, pág. 186. "Según el New York Herald del 14 de abril de 1874, se construye un almacén en Santa Catalina, La Habana". El mismo se encontraba en Regla, próximo al puerto y desafortunadamente fue demolido en 1962.
46) Eduardo Tejeira-Davis, Roots of Modern Latin American Architecture. The Hispano-Caribbean Region From the Late 19th Century to the Recent Past. Universidad de Heidelberg, Heidelberg, 1987, pág. 124.
47) John Newel Lewis, Architecture of the Caribbean and its Amerindian Origins in Trinidad. American Institute of Architects, Washington, D.C., 1983, pág. 189.
48) Mariano Vidal Armstrong, Ponce. Notas para su historia, Edición del Autor, San Juan, 1983, pág. 33.
49) Georges Anglade, Atlas Critique d'HaÔtÌ, ERCE & CRC, Groupe d'Etudes et de Recherches Critiques d'Espace. Département de Géographie, Université de Québec á Montreal, Montreal, 1982, p·g. 37.
50) Joaquín Rallo, Roberto Segre, Introducción Histórica a las Estructuras Territoriales y Urbanas de Cuba, 1519-1959. Facultad de Arquitectura, ISPJAE, La Habana, 1978, pág. 105.
51) Carlos Venegas, La urbanización de las Murallas: dependencia y modernidad. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1990, pág. 66.
52) Roberto Segre, "Evolución histórica de La Habana", en AAVV, Transformación urbana en Cuba: La Habana. G. Gili, Barcelona, 1974, pág. 35.
53) Carlos Venegas, "Las fábricas de tabaco habaneras", Arquitectura y Urbanismo, Vol X, No. 3, La Habana, 1989, pág. 14.
54) Marianno Carneiro da Cunha, Da Senzala ao Sobrado, Arquite- tura Brasileira na Nìgeria e na República Popular do Benim. Fotos Pierre Verger, Editora Nobel, EDUSP, San Pablo, 1985.
55) Alicia García, Trinidad, arquitectura doméstica y sociedad colonial (en prensa), La Habana, 1986. Cita de Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias, pág. 163: "Las casas en que moraban (...) llaman buhio en estas islas todas (lo que quiere decir casa o morada)".
56) Jesús Guanche, "Vivienda campesina tradicional e identidad cultural cubana". Temas No. 5, Estudios de la Cultura Cubana, La Habana, 1985, pág. 87.
57) Eugenio Pérez Montás, República Dominicana. Monumentos Históricos y arqueológicos. Instituto Panamericano de Geografía e Historia, México, 1984, pág. 18. Ver también: Manuel García Arévalo, El arte taíno en la República Dominicana. Artes Gráficas Manuel Pareja, Barcelona, 1977.
58) Juan Pérez de La Riva, El barracón y otros ensayos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pág. 43; y Louisa Mathilde Woodruff, My Winter in Cuba, E.P. Dutton & Co., Church Press, Nueva York, 1871, pág. 187. Reproducido en: Nara Araújo (Rec.), Viajeras al Caribe, Casa de las Américas, La Habana, 1983, pág. 312. "El barracón: una estructura cuadrangular cuyo exterior sólo presenta a la vista una pared alta, sin otra abertura que un arco macizo y sombrío cerrado por un portón de hierro...Nada agradable allí adentro, ningún verdor fuera, ninguna amplitud o variación, ningún retiro saludable...".
59) Aparece detalladamente registrada en: Arquitectura tradicional del Caribe, CARIMOS. Exposición en la Facultad de Arquitectura, Recinto Universitario de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico, San Juan, 1985.
60) Jack Berthelot, Martine Gaumè, L'Habitat populaire aux Anti- lles. Editions Perspectives Creóles, Pointe-á-Pitre, 1982, pág. 22. En Barbados predomina la dimensión de la célula de 3x6 m., de acuerdo con el modelo traído de Boston; en Guada- lupe, Puerto Rico y Aruba, el módulo es de 3x3, proveniente de Louisiana.
61) Samuel A. Gutiérrez, Arquitectura de la época del Canal (1880-1914), y sus paralelos norteamericanos, franceses y caribeños. EUPAN, Ciudad de Panamá, 1984, pág. 126.
62) Roberto Segre, La vivienda en Cuba en el siglo XX: República y Revolución. Editorial Concepto, México, 1980, pág. 11.
63) Aníbal Sepúlveda, San Juan. Historia ilustrada de su desarrollo urbano, 1508-1898. Carimar, San Juan, 1989, pág. 144.
64) James Marston Fitch, American Building 1: The Historical Forces That Shaped It. Schocken Books, Nueva York, 1973, pág. 121. El autor cita Augustine Taylor como inventor del sistema, a partir de la tesis doctoral de Walker Field. Sin embargo Sigfried Giedion atribuye su primera aplicación a George Washington Snow (1797-1870), op. cit., pág. 370.
65) Sloan's Victorian Buildings. Illustrations and Floor Plans for 56 Residences and Other Structures. Introduction: Harold N. Cooledge. Dover Publications Inc., Nueva York, 1980; Woodward's Victorian Architecture and Rural Art. American Life Foundation, Watkins, Glen., Nueva York, 1978; A.J. Downing, The Architecture of Country Houses, Introduction, J. Steward Johnson. Dover Publications Inc., Nueva York, 1969.
66) Anthony D. King, The Bungalow. The Production of a Global Culture. Routledge & Kegan Paul, Londres, 1984, pág. 14. 67) Anthony D. King, op. cit., pág. 116. Los diferentes tipos "tropicales" de viviendas son exportados por empresas de Londres, Glasgow, Liverpool, Norwich. En 1880, Boulton & Paul de esta ciudad, envía casas a Africa y América Latina. En 1910/20, G.S. Samson publica Houses, Villas, Cottages and Bungalows for Britishers and American Abroad. En 1910, Turner Brothers, The British Uralite Company y Bell's United Asbestos Company, producen la vivienda de asbesto cemento. En 1895 el Dr. John Murray, plantea la importancia de la ventilación en los climas cálidos, en el libro: How to Live in Tropical Africa.
68) John Maas, The Gingerbread Age. A View of Victorian America. Greenwich House, Nueva York, 1983, pág. 64.
69) José Augusto Puig Ortiz, Robert S. Gamble, Puerto Plata: La conservación de una ciudad. Inventario. Ensayo histórico arquitectónico. Editorial Alfa y Omega, Santo Domingo, 1978.
70) Samuel A. Gutiérrez, La arquitectura en dos archipiélagos caribeños, op. cit. pág. 33. El autor realiza un exhaustivo estudio de las relaciones que se establecen entre las viviendas de madera construídas en Bocas del Toro, Colón, San Andrés, Bluefilds, Puerto Limón, Kingston, Nueva Orleáns, etc.
71) Virginia y Lee McAlester, A Field Guide to American Houses, Alfred A. Knopf, Nueva York, 1990. Los autores realizaron una exhaustiva clasificación de las viviendas unifamiliares suburbanas en Estados Unidos, que permitiría clasificar los modelos asumidos en el contexto antillano.
72) Cabe señalar la importante tarea de documentación y levantamiento de las principales mansiones de San Germán, realizada por el Colegio de Arquitectos de Puerto Rico, bajo la dirección de Jorge Rigau, con estudiantes de la Facultad de Arquitectura. Asmismo, diversos libros han documentado las casas de madera de las islas. Entre otros, ver: Geoffrey de Sola Pinto, Anghelen Arrington Phillips, Jamaican Houses. A Vanishing Legacy. Stephenson Litho Press, Kingston, 1982.
73) Bruno Stagno, "El primer estilo internacional en arquitectura", Habitar No. 14, San José, mayo 1984, pág. 18. 74) Yolanda Wood, "Repertorio de la plástica guyanesa", Del Caribe No. 18, Año VII, Santiago de Cuba, 1990, pág. 42. 75) Enrique Vivoni, "Aguirre en la memoria", El Nuevo Día, San Juan, 28/1/1989. pág. 1.
76) Enrique Cirules, Conversación con el último norteamericano. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1988, pág. 7.
77) José Vega Suòol, "La colonización norteamericana en el territorio nororiental de Cuba, 1898-1933", Anales del Caribe No. 10, Casa de las Américas, La Habana, 1990, pág. 227.
78) Clara Caballero, Evolución del hábitat en los bateyes azucareros: República y Revolución. Tesis de Graduación, Facultad de Arquitectura, ISPJAE, La Habana, 1987. A su vez, el martiniqueño Claude Yacoub y el chileno radicado en Costa Rica, Bruno Stagno, rescatan las categorías de "criolla" y "mestiza", al referirse a la arquitectura realizada en nuestra región. Más que el sitio o el contexto - elementos estables y constantes -, se otorga mayor importancia a la mezcla e interrelación de razas, etnias, idiomas, tradiciones y culturas (17). Sin embargo, discrepando del enfoque conceptual de Graziano Gasparini (18), es lícita su duda ante el carácter restrictivo y localista de estos términos, originados en una particular expresión de las edificaciones populares coloniales (19).
