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Reunidos en Rio Arquitectos
Scholars de Estados Unido
Por: Roberto Segre
Rio de Janeiro, mayo 1998
Por primera vez en su larga historia, el ACSA (Association of Collegiate Schools of Architecture) - entidad fundada en 1912, que agrupa más de 4500 docentes de las escuelas de arquitectura norteamericanas -, realiza su conferencia internacional en un país de América Latina. Desde finales de la década del ochenta, el ACSA dilató su horizonte nacional de seminarios, congresos e intercambios universitarios, más allá de las fronteras de Estados Unidos, al convocar a profesores y estudiantes del mundo entero. Cada año asumió como sede la capital de un país europeo: el año pasado el encuentro aconteció en Berlín y el próximo será en Roma. Al contrario, este año fue seleccionada Rio de Janeiro: en el monumental edificio neoclásico del Fórum de Ciência e Cultura de la Universidad Federal de Río de Janeiro, entre los días 23 y 27 de mayo, se vivió un intenso intercambio arquitectónico. Quizás en esta decisión seguramente pesó la figura del chairman de la Conferencia, arquitecto - de origen mexicano - Rafael Longoria de la Universidad de Houston, al influir en la decisión de asociar el contenido básico del evento - Constructing New Worlds - con nuestro sufrido Nuevo Mundo latinoamericano.
El hecho importante no radicó solamente en la ubicación geográfica del seminario, sino en la apertura de una temática basada principalmente en los problemas del llamado Tercer Mundo. Mientras en los congresos anteriores, los repertorios abordados se referían a específicos acontecimientos de los países desarrollados, aquí se debatieron puntos cruciales tales como los legados y la situación actual del colonialismo, el diseño de edificios y ciudades sustentables, el aprovechamiento de los recursos de la naturaleza, las fronteras culturales, la arquitectura después de la globalización y el consumismo, las interacciones interdisciplinarias, las perspectivas de la arquitectura y el urbanismo para el siglo XXI y la formación de un profesional integrado en la dinámica económica y social.
Quizás muchos asistentes locales se sorprendieron al oir ponencias de profesores de universidades norteamericanas - en general identificadas con temas abstractos y lejanos -, expresivas del creciente interés por las iniciativas constructivas y de diseño populares, no sólo realizadas en nuestro Hemisferio, sino también en Asia y África.
Los casi 200 docentes y alumnos provenientes de las principales universidades norteamericanas tuvieron la oportunidad, no sólo de experimentar en forma directa las obras arquitectónicas más importantes de Río de Janeiro y Brasilia, sino también de entrar en contacto con reconocidos profesionales de la región. En el acto inaugural, realizado en el auditorium del Ministerio de Educación y Cultura - principal monumento del Movimiento Moderno en América Latina, proyectado por el equipo encabezado por Lúcio Costa y Le Corbusier (1936) -, se vivió un momento de gran emoción al oir la justificación de su trayectoria creadora en la conferencia impartida por Oscar Niemeyer. Resultó sorprendente el dominio de la platea, la destreza en los dibujos a plumón que uno tras otro surgían sobre las hojas de calco y el contenido de su discurso, logrados por el Maestro a los casi 91 años de edad.
Mientras en las diferentes mesas temáticas participaron arquitectos y profesores de diversos países latinoamericanos - Chile, Bolivia, México, Venezuela, Puerto Rico -, la voz cantante se identificó con la presencia de brasileños y argentinos: la profesora Denise Pinheiro Machado coordinó localmente el evento y la crítica Ruth Verde Zein y el conocido diseñador paulista Paulo Mendes da Rocha impartieron sendas conferencias magistrales. El cierre fue presidido por Luiz Paulo Conde, alcalde (Prefeito) de la ciudad de Rio de Janeiro. A su vez, las dos restantes intervenciones generales estuvieron a cargo de Clorindo Testa y el crítico Roberto Segre - quién también participó en la organización del encuentro en Río -, mientras Diana Agrest (radicada en Nueva York) y Miguel Ángel Roca formaron parte del jurado del Premio Internacional de Estudiantes.
Desde hace un lustro, la empresa de ascensores Otis asumió el respaldo económico del premio internacional para estudiantes de arquitectura, cuyo prestigio y difusión se ha incrementado a lo largo de estos años: en el actual, participaron 1350 alumnos, representando 139 facultades de 40 países. Cabe recalcar que frente a la masiva y predominante participación de los países hegemónicos del Primer Mundo - básicamente Estados Unidos y las naciones asiáticas -, tanto el año pasado como en el actual, el Gran Premio fue alcanzado por estudiantes hispánicos: en 1997, lo obtuvo un equipo de la Universidad Ricaldo Palma de Lima, Perú; en 1998, jóvenes alumnos de la Escuela Técnica Superior de Valencia, España.
El tema del concurso versó sobre la búsqueda de soluciones habitacionales integradas en el contexto urbano. Los proyectos premiados se dividieron en dos tendencias básicas: la intervención en la trama histórica tradicional y la reestructuración de bordes y tejidos extendidos suburbanos. Esta vez Latinoamérica quedó ausente de los primeros puestos. Sin embargo, los latinos arrasaron: España logró el Gran Premio y un segundo; Italia obtuvo cuatro de las seis menciones honoríficas, en su mayoría alumnos del Politécnico de Milán.
El equipo formado por Elena María Jiménez Garrido, Antonio Albaladejo Rodríguez, Juan Blesa Cervero, Juan José Tuset Dayó, Rafael Iranzo Simó y Andrés Ros Campos, dirigidos por el profesor Carlos Campos González, elaboraron una propuesta casi minimalista, asumiendo el inolvidable lema miesiano de que menos es más: sin alterar la estructura básica del centro histórico de Valencia, rescataron los espacios intersticiales en dos niveles - la planta baja y las terrazas -, vinculados entre sí por la presencia de ascensores en las viejas viviendas - solución entusiasmante para la Otis -, identificados a nivel urbano por los rojos cubos escultóricos de las salas de máquinas. La imagen de la modernidad se superpone y entrelaza con la herencia histórica.
Con esta línea se identifica también el Primer Premio otorgado a Winnie Wong Wai Ling y Ng Wan Chuen, bajo la dirección de Leslie Lu de la Universidad de Hong Kong, cuya idea de la bridge city - edificios multifuncionales con circulaciones horizontales en diversos niveles -, recuerda las pioneriles soluciones del Team X - nos referimos a Peter & Alison Smithson - en la década del sesenta. En la alternativa opuesta coinciden la española Cristina Díaz Moreno de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y el norteamericano Jochen Ziegler del Virginia Polytechnic Institute and State University. Mientras la primera asume la autopista 30 de Madrid como ámbito contextual y diseña un conjunto de viviendas cuya configuración aerodinámica contrasta con los rígidos bloques habitacionales del paisaje circundante; Jochen Ziegler, inserta en el escuálido paisaje de Uptown Charlotte de Carolina del Norte, una tipología compacta de edificios altos y bajos que identifican las actividades comerciales, administrativas y habitacionales, privilegiando la circulación peatonal. En resumen, cabe afirmar como conclusión de los tres días de debates, que los jóvenes estudiantes todavía creen en la persistencia de la herencia urbana, rechazando las previsiones apocalípticas de la muerte de la ciudad.
Roberto Segre
(crítico argentino, profesor invitado en la FAU/UFRJ de Río de Janeiro)
Rio de Janeiro, mayo 1998.
Mail to: bobsegre@acd.ufrj.br

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