A punto de cumplir su primer siglo,
apenas sobreviven cien casas de madera de la
ciudad antigua, pues el resto fue derribado por
el ciclón Janet en 1955.
Declaradas como patrimonio cultural por el gobierno del estado de Quintana Roo, no obstante, las típicas viviendas multicolores perecen ante el rigor del trópico y la ausencia de fondos para su restauración y mantenimiento.
La historia se remonta a un día de 1898 en que el teniente de la Armada de México, Othón Pompeyo blanco fundó la aldea de Payo Obispo -hoy Chetumal- en los confines de un país cuya frontera sur no estaba claramente definida, y estableció una aduana para controlar el contrabando de madera y la entrada de armas que, desde Belice, recibían los mayas rebeldes.
Muy pronto, aquel lugar frente a la bahía se fue poblando de campesinos, comerciantes, aventureros y pescadores procedentes de diversos estados de México y de naciones como Alemania, Irlanda, Italia, Líbano y Belice, de donde llegó un mexicano -refugiado dela Guerra de Castas- con una casa de madera desarmada que provocó admiración.
El pueblo creció con inmuebles semejantes y una población cosmopolita. En 1936 pasó a llamrse Chetumal, como homenaje a la ciudad maya prehispánica erigida siglos atrás en la misma región con el nombre de Chactemal o Chechemal, y durante medio siglo fue un pintoresco y distante sitio que dividía a México y Centroamérica.
Arquitectura y Antropología
El arquitecto Leandro García, jefe del Departmento de Ciencias de la Tierra del Instituto Tecnológico de Chetumal, ha realizado dos investigaciones de carácter arquitectónico, con matices de antropología, sobre el mítico caserío, las cuales piensa convertir en libros, y en ellas maneja el concepto de la arquitectura anglocaribeña.
Para García, la primera imagen arquitectónica que caracterizó a Chetumal es análoga a la de algunos paises del Caribe colonizados por los ingleses, como Belice y jamaica. se trata de un estilo donde se mezclan influencias británica, españolas e indígenas, esta última visible sobre todo en cuanto al uso de las maderas.
Lo español está en los corredores, concebidos para protegerse de la luz solar, mientras que lo inglés tropicalizado se encuentra en los muros machiembrados, el ático, los barandales, los frisos, las crestas, el guardamalletas, las celosías, el canalón y el curvato, un elemento identificativo de Chetumal. El curvato, cuyo fin era almacenar el agua de lluvia destinada al consumo doméstico, es una suerte de de barril o aljibe, fabricado con anchas y resistentes maderas, sobre el cual desemboca el canalón de zinc que baja de una techumbre de cuatro o dos aguas (color terracota), y su uso se extendió en el pueblo debido a la escasez de pozos.
El curvato, según el cronista Silvestre Caballero: "está hecho de ciprés o cedro, estructurado con duelas verticales, rebajadas por los cantos y unidas a su base circular por aros metálicos para que adquieran la forma de un cono truncado. En su manufactura se usaron técnicas similares a las empleadas en ultramar en la fabricación de toneles".
Este pueblo fue construido principalmente con maderas de pino importadas
de Belice y de Gran Bretaña, que luego fueron sustituida por la
caoba de la península de Yucatán, los travesaños y
columnas se edificaron con jabín, machiche y zapote, árboles
fuertes que estaban al alcance de la mano en la selva que poblaba y aún
puebla la región.
Los pisos, fabricados también con caobas, estaban elevados a
un metro del suelo para proteger a las viviendas de la humedad y de las
alimañas. los techos eran de láminas de zinc galvanizado,
traídas principalmente de Inglaterra, y después producidas,
más delgadas, en Chetumal. Las persianas fueron siempre de madera.
Al respecto agrega el arquitecto Porfirio Mateos, especialista del
Museo de la Cultura Maya: "las paredes de tablas se colocaban fijas en
una estructura secundaria de vigue tas interiores. El ancho de las tablas
puede ser un elemento que denota antigüedad, pues a medida que escaseaba
la madera, disminuían también sus dimensiones.
"Las formas de colocación cambiaban de acuerdo con la época
de construcción. Los vanos, puertas y ventanas generalmente se enmacan
con una jamba que puede variar en cuanto a complejidad y en la elaboración
de la ornamentación. Las barandas están casi siempre resueltas
en barras lisas unidas a un bastidor de madera con adornos.
Entre el olvido y la muerte
Las casas de madera que aún se mantienen milagrosamente en pie
demarcan el contexto urbane en el cual se asentó el primer y colorido
pueblo de Payo Obispo, perteneciente a la hoy zona céntrica de Chetumal,
que se extiende desde el borde de la bahía hasta la avenida Primo
de Verdad y desde la avenida José Maria Morelos, hasta la calle
Cozumel.
Justamente. Cozumel e Isla Mujeres son las dos únicas poblaciones
mexicanas que recibieron la influencia arquitectónica de Chetumal
la primera mitad del siglo XX. Allá también, las casas de
madera se haIlan amenazadas por el olvido y Ia muerte ante la avalancha
constructiva que arrastra la envolvente industria del turismo.
Para salvar al menos el recuerdo, Luis Reinhardt, uno de los habitantes
más antiguos de la capital quintanarroense, creó una maqueta
en que se reproduce en pequeño formato el viejo Payo Obispo, la
cual acaba de ser perfeccionada por un colectivo de especialistas del Instituto
Quintanarroense de la Cultura.
Esta maqueta, atractivo de todo viajero que Ilega a la frontera sur,
cuenta con 198 casas de madera a escala de 1:25, 250 palmeras. 120 matas de plátano, 300 diferentes
árboles y 800 personas (como "enanos" de la historia de Gulliver)
y puede ser contemplada, a la sombra de los flamboyanes, desde un andador
periférico elevado.
Como en un pequeño país de fantasía se ven los
barco anclados en el mar. las plantas espigadas en los patios, las calles
de arena, los porches adornados con artesanales balaustradas. los anexados
curvatos con el mismo cromatismo que alguna vez tuvo esta ciudad, actualmente
agrandada con feas edificaciones.
La reconstrucción de las casas de madera, cuya belleza aún
impresiona en su cercanía a la ruina, no figura dentro de los planes
de desarroIlo urbano del estado de Quintana Roo, y los dueños prefieren
por razones económicas, esperar a que se derrumben solas para edificar
calurosas y elementales viviendas de concreto. Mientras tanto. los turistas
del mundo siguen acudiendo a Chetumal para contemplar su bahía,
en donde se refugian manatíes y delfines, el museo que reproduce
la grandeza perdida de la cultura maya, y el centenar de casas de madera
que iluminan el mediodía con sus colores naranjas, verdes, azules,
rojos y amarillos, como el
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paisaje del Caribe. €
Por:Agustín Labrada
Revista: Obras,Panorama
de la Construcción
Octubre 1997
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