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Gazcue Jardín Urbano
Marcelle O. Pérez Brown
1997, Editorial AA
ISBN: 84-605-6779-6
PROLOGO
Este libro es una biografía, pero no la biografía de un personaje, sino de una urbanización, de un barrio. Es la historia del nacimiento, desarrollo y decadencia de un sector capitaleño que ha servido de marco a episodios y sucesos protagonizados por un conglomerado social plenamente identificado con el entorno que escogió para vivir.
La formación de Gazcue constituye un acto de voluntad gradual y apasionada que fue uniendo en un deseo común a un grupo de familias de características sociales y económicas similares; familias conscientes de que la vida cotidiana puede ofrecer, si se preocupan en buscarlos, atractivos derivados de las favorables condiciones ambientales y de la exuberante y variada flora tropical.
Por vez primera surgió en el ámbito de la capital dominicana el impulso de Ilevar la naturaleza a los hogares, de vivir entrel plantas florecidas y corpulentos árboles, de prolongar hacia el exterior el habitat cotidiano.
Y es que la vetusta y noble ciudadColonial, donde residían desde antaño las familias santodominguenses, era, y sigue siendo, una urbe de piedra, adusta y sobria, que sólo en la intimidad de sus patios interiores brinda un atisbo de verdor y frescura.
Gazcue se fue formando con las gentes acostumbradas hasta entonces a concentrar sus actividades en casas y calles desprovistas de vegetación, de espaldas a lanaturaleza. Su nuevo ambiente proporcionaba un sentido más amable a la vida. Y supieron aprovecharlo plenamente.
Este ensanche, fuera del recinto amuraIlado, fue más el producto de proyectos y esfuerzos particulares que de aportes oficiales. Apenas las autoridades -y eso ha sido causa de su gradual, y al parecer indetenible decadencia- se han ocupado de salvaguardar este patrimonio urbano que debiera ser orgullo de todos; y que todos, empezando por quienes tienen el poder de hacerlo, estamos obligados a preservar. La unidad arquitectónica y los valores materiales y espirituales de esta zona urbana merecen -y siempre merecieron- una constante protección oficial que la defienda de los muches peligros que la amenazan.
Pero el descuido y la indiferencia del sector gubernamental ha sido subsanado en el aspecto sentimental por el amor que muchos de sus habitantes sienten por ese barrio capitaleño.
Marcelle Pérez Brown, la autora del libro, es el ejemplo más evidente de un acendrado apego por la urbanización que escogió como tema de su obra.
El trabajo es el fruto de experienciaspersonales y ajenas; de investigaciones históricas y de testimonios orales. En él la autora da cabida a todas las noticias y recuerdos capaces de enriquecer el texto; y de este modo incluye artículos de brillantes escritores que conocieron la génesis dels ector, tales como Federico Henríquez y Carvajal y Arístides García Mella, a la vezque reproduce colaboraciones de jóvenes profesionales como el arquitecto Gustavo Luis Moré, quien analiza desde un punto de vista profesional las edificaciones del sector.
Wenceslao Troncoso, Antonio Thomen, Elena Vives de Rodríguez, Kanky de HoueIlemont y Thimo Pimentel aportan datos anecdóticos y trazan perfiles de personajes de distintas épocas vinculados estrechamente al sector de Gazcue.
En todas las páginas del libro se proyecta la sombra de Jochi Russo, aquel esteta que murió a destiempo y que, sin proponérselo, impulsó a Marcelle a escribir este libro. Fue precisamente Jochi Russo la persona que con más entusiasmo alentó al Atelier Gazcue a propiciar la celebración de la Jornada Pro-Conservación del Patrimonio Arquitectónico y Cultural de este ensanche, acontecimiento que tuvo efecto en el mes de septiembre de 1987.
Encantadores son los capítulos de laobra que la autora se reservó para su propia contribución. Vuelca en ellos todas las memorias de una época de juventud vivida en el ambiente singular de aquel sector citadino.
Con un estilo sencillo, coloquial, MarceIle nos traslada a los años en que niños y adolescentes practicaban el maroteo en los patios ricos en frutales de la urbanización a la conquista de sabrosos mangos, limoncillos y mamones.
iEpoca paradisíaca si no hubiera existido omnipresente la terrible amenaza de la tiranía!
La evocación del Hotel Jaragua tieneun acento melancólico, consecuencia, sin duda, de su injustificable demolición. Pero,quizás, la más deliciosa descripción hecha por Marcelle Pérez Brown es la dedicada a las actividades sociales y deportivas de El Golfito, en las que, junto con ella, participaban conocidos jóvenes de ambos sexos de la sociedad dominicana de las décadas del 50 y del 60; jóvenes que son hoy flamantes abuelos de niños y adolescentes que no han tenido la suerte de disponer de un lugar tan acogedor y entretenido como aquel club social dirigido por una extraordinaria mujer, Pouppé Soler de Molinari.
En su epílogo, la autora lanza un grito de angustia a la desacertada acción destructiva que desde hace algún tiempo viene poniéndose en práctica al demoler, con fines crematísticos, construcciones representativas de un sector capitaleño, entre ellas el Hotel Jaragua y la residencia Troncoso-Velázquez, obras ambas del pionero de la arquitectura moderna dominicana, Guillermo González. Y muy recientemente, no obstante las voces de protesta de muchos, le ha cabido igual suerte a la casa Molinari, diseñada por el arquitecto español Tomás Auñón.
Con la demolición de éstas y otras muchas edificaciones para levantar modernos edificios de apartamentos residenciales, comercios y oficinas, el conjunto de casas cuyo estilo guardaba una perfeca unidad, está siendo bárbaramente mutilado. Se borra así una etapa histórica, no solamente en su aspecto material, sino también, y sobre todo, social, intelectual y afectivo.
Cuando se destruyen entornos, los testimonios desaparecen y los recuerdos se esfuman al perder los puntos de referencia. De este modo, se elimina una parcela muy representativa del devenir de la ciudad de Santo Domingo.
No han valido denuncias, advertencias, súplicas y protestas. Todo ha sido en vano. La odiosa e implacable piqueta del progreso ha prevalecido sobre las razones históricas y artísticas. Y es que las autoridades, por una inexplicable incomprensión, no han considerado nunca este complejo arquitectónico urbano de definidas y acentuadas características, como un patrimonio nacional, privándole así de la necesaria protección oficial que hubiera hecho posible mantener la integridad del sector como la evidencia de una etapa importante de la vida de la Ciudad Primada.
Es oportuno recordar aquí que la falta de una legislación adecuada que preserve la arquitectura republicana y la moderna es la causa de que se hayan perdido centros históricos como el de Samaná y edifi- cios emblemáticos como el Hotel Jaragua.
Marcelle Pérez Brown, preocupada por la gradual e irreversible destrucción de gran parte de Gazcue, reproduce íntegra una ponencia del arquitecto Gustavo Luis Moré, presentada el 5 de agosto de 1994 en el Seminario Nacional de ICOMOS dominicano, bajo el título "iSalvemos Gazcue; es simple!". Ponencia en la cual el arquitecto Moré plantea una serie de parámetros encaminados a proteger esta peculiar zona urbana de Santo Domingo. ¡Lástima que no prosperara su bien estructurado plan!
En vez de ello, hemos visto demoler sin piedad ejemplos espléndidos de construcciones cuya presencia aportaba armonía y unidad al conjunto urbano. Con la desaparición material de sus casas y de sus jardines, la mística fuertemente enraizada que arropaba a Gazcue se ha ido perdiendo poco a poco.
La autora de este libro, sin embargo, pretende con su esfuerzo retener, al menos, una parte de esa mística, y tal vez lo consiga a través de sus páginas y de sus elocuentes y evocadoras ilustraciones, capaces de revivir momentos de la existencia de quienes formaron, vivieron y gozaron aquel sector entrañable en el que la naturaleza y el interior de los hogares se confundían y complementaban.
"Gazcue, jardín urbano' es un libro hecho con el corazón. Como tal podrá ser disfrutado por quienes conocieron este en un tiempo bellísimo ensanche que hoy sufre el dolor de una transformación, justificada por lo que personas carentes de sensibilidad califican de progreso necesario, supeditando a lo que sólo es material todos los goces espirituales y esteticos.
MARIA UGARTE
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