Periferia
Internet Resources for Architecture and Urban Design in the Caribbean
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Apuntes para una historia de la
mujer y la arquitectura de la
República Dominicana
Por Giovanna M. Riggio
Marzo de 1998
La carrera de ingeniero-arquitecto y las pioneras
de la historia de las arquitectas dominicanas
Fue en 1938 que comenzó la primera escuela de arquitectura en la entonces única Universidad de Santo Domingo. Hasta entonces los profesionales en cuyo título aparecía el grado de arquitecto, se habían graduado en universidades extranjeras. Las dominicanas tuvieron que esperar a que se formaran estos estudios en el país y que se estructuraran algunas coyunturas para hacer su aparición en este campo profesional. El título obtenido era el de Ingeniero-arquitecto, por lo que la arquitectura, considerada en principio en el conjunto de las ciencias exactas, era entonces una de esas carreras fuertemente marcadas por la tradición cultural como masculina. No obstante fue una mujer llamada Francisca Romero Beltré, la única de un reducido grupo de 24 estudiantes que en 1941 se convirtió en la primera ingeniero-arquitecto graduada en la Universidad de Santo Domingo. Al parecer, recién graduada, salió del país y no regresó nunca a ejercer la profesión.
Entre 1941 y 1966, de un número aproximado de 150 ingenieros arquitectos estimamos que apenas se graduaron alrededor de 30 mujeres. Estas pioneras de la historia de la arquitectura dominicana tuvieron que desempeñarse en un medio que no sólo era discriminatorio para las mujeres, sino también para todos los profesionales de la arquitectura. A pesar de esto casi todas sirvieron al estado dominicano participando activamente en el importante proceso de construcción de obras públicas que se inició en la decada de los 50.
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Arq. Margot Taulé, S.D. 1948 |
Arq. Margot Taulé, S.D. 1947 |
Arq. Margot Taulé, S.D. 1952 |
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En el grupo de las pioneras sobresale Margot Taulé Casso, quien se destacó como estructuralista y fue responsable del diseño estructural del edificio del Congreso Nacional y de muchas de las obras de Guillermo González y Leo Pou. Margot Taulé se incorporó en 1945 a la docencia académica siendo la única de las ingenieras-arquitectas en la esfera docente durante el período de 1930-1960. En 1966 ingresó a la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, institución en la cual llegó a ocupar las posiciones de Decana de las facultades de Ingeniería y de Arquitectura y Urbanismo, hecho que la convierte en la primera y única arquitecta que ha ocupado este cargo.
Posteriormente Nidia Miller, Gisela Bonetti y Diana La Paix se dedicaron también con especial ahinco a la docencia ejerciendo un largo y dedicado magisterio. Tomasina Cabral, quien viera su actividad profesional condicionada por su actividad política en el Movimiento 14 de Junio, se convirtió más adelante en la primera mujer subsecretaria de estado de Obras Públicas. De igual modo, Martina Ricourt, Grethel Castellanos, Ketty Bisonó, Rhina González, Lillia Gómez y Aurora Arias, realizaron innumerables aportes al sector público. Por otro lado, Isabel Ballester (fallecida) y Maricela Vargas, se destacaron en el ámbito de la organización gremial, siendo las únicas mujeres que hasta la fecha han ocupado la presidencia del CODIA.
Nuevas escuelas de arquitectura
A partir del 1960 se inicia el proceso de feminización gradual y ascendente de las escuelas de arquitectura relacionado fundalmente con el ascenso sin precedentes de la población estudiantil femenina en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, luego del movimiento renovador y con el inicio de labores de los nuevos centros de educación superior (Universidad Católica Madre y Maestra y Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña) y posteriormente en la década de los setenta se dio el fenómeno de una gran proliferación de universidades y el inicio de un proceso de masificación de estos centros de estudio, de manera que ya para los años ochenta el crecimiento en instituciones y número de estudiantes en la educación superior era extraordinario y desordenado.
El creciente número de mujeres cursando la carrera de arquitectura puede ser explicado también por otros motivos relacionados con aspectos específicos de esta profesión y una evolución en los lineamientos de su enseñanza. En la medida que se daba la separación de la arquitectura y la ingeniería y se buscaba equilibrar la formación técnico-científica del arquitecto con el sentido social y artístico de la profesión, hubo un proceso de feminización de las escuelas de arquitectura de manera progresiva. De ese modo, la carrera empezó a preservar una mayor conexión con los roles destinados a las mujeres por la división genérica del trabajo y permitió la coincidencia de los valores de la femeneidad con la imagen profesional de la arquitectura.
Arquitectas docentes:
Cargos administrativos y directivos.
El número de mujeres que se dedican actualmente a la docencia en diferentes escuelas de arquitectura ha crecido considerablemente. En 1973 sólo representaban el 4%, actualmente se ha elevado a un 24%. Algunas de las arquitectas profesoras admiten dedicarse a la docencia para mantenerse actualizadas en la profesión ya que no están ejerciendo. Muchas otras han demostrado una verdadera vocación docente.
En los cargos adminitrativos y directivos podemos observar que su participación activa se ha manifestado muy tardíamente. Es en la década de los ochenta que algunas arquitectas empiezan a ocupar los puestos directivos en el ámbito académico: Margot Taule, Isabel Ballester, Milagros Nanita y Diana Martínez fueron las primeras en ocupar estos puestos. Hoy en día cuatro de las ocho escuelas de arquitectura son dirigidas por mujeres arquitectas: Tania Valverde (UNPHU), Sobeida Peralta (O&M), Pura Miguelina García (PUCMM) y Vanessa Vélez (UCE). Se destaca también en este grupo la arquitecta Diana La Paix, actual Directora del Departamento de Diseño y Decoración de Interiores de la UNPHU.
Las mujeres arquitectas en el ámbito profesional
Hay en la actualidad 1,289 arquitectas inscritas en el CODIA, número que representa el 44% de los arquitectos registrados. En nuestro país el porcentaje de arquitectas graduadas supera con creces al número de arquitectas que ejercen. Según nuestro análisis, la participación de las arquitectas en el campo profesional ha estado signada por seis aspectos fundamentales:
Como la arquitecta es arquitecto, no escapa a la problemática del quehacer arquitectónico nacional que afecta tanto a profesionales hombres o mujeres sin discriminación de sexos. El desempleo, el carácter elitista de la profesión, las deficiencias de nuestro sistema educacional y, las deficiencias en el proceso de formación de los arquitectos, son algunos de los múltiples inconvenientes que deberán enfrentar tanto unos y otras en el desempeño de su labor profesional. Partiendo de estas consideraciones, se puede comprender que las arquitectas no han sido las únicas víctimas de la historia de los arquitectos dominicanos, por lo cual pensamos que parte de las reivindicaciones deben estar dirigidas a la condición global social del profesional de la arquitectura.
Como la arquitecta es mujer profesional, ha tenido que enfrentarse también con resistencias que no provienen del medio arquitectónico sino que mas bien estan relacionadas con el papel de la mujer en la sociedad y su incorporación en la esfera de la producción no-doméstica. Todas las mujeres profesionales presentan los mismos problemas y dificultades para integrar trabajo fuera del hogar con su rol de madres y amas de casa.
Como la arquitecta es mujer arquitecto, se enfrenta además con una discriminación genérica que proviene directamente del medio arquitectónico. De acuerdo con el contexto ideológico tradicional que reitera la inferioridad intelectual y creativa de la mujer, se pretendió validar por mucho tiempo la idea de que los hombres (dotados con mayor habilidad espacial y capacidad de abstracción), estaban mejor capacitados que las mujeres (de inteligencia intuitiva y mayor habilidad verbal) para desempeñarse en áreas que, como la arquitectura, requieren de las primeras habilidades. Ese campo femenino ha sido una rígida categorización que se ha limitado a la arquitectura doméstica y al diseño de interiores.
Como la arquitecta es un ser humano, deberá enfrentarse a fenómenos psicológicos individuales, que como el torschlusspanik1, generan una automarginación o autodiscriminación. Nos referimos a la alienación propia, aquella que fomentamos cuando ejercemos nuestra carencia de libertad al ser cómplices de una situación de opresión.
Como la arquitecta es (o debe ser) técnica y empresaria, deberá incursionar en otros campos efectivos del quehacer arquitectónico como la construcción y el manejo financiero y demostrar que ningún campo de los grandes nos está vedado, incluída la tecnología. Las jóvenes siguen seleccionando la carrera de arquitectura por aquellos aspectos de esta disciplina que permiten conciliar el rol profesional con los valores tradicionales de la feminidad, y al graduarse se encuentran que para poder vivir de este oficio tendrán que tratar con inversionistas y promotores e incursionar en la construcción y en la contratación de obras (campos que todavía hoy entran en contradicción con los roles tradicionales de la mujer en la sociedad). Por lo que no es sorprendente que encontremos muchas arquitectas destacándose en áreas que como el paisajismo, el diseño y la decoración de interiores, el diseño gráfico y la ilustración, son como ramas afines a la arquitectura, pero que no están comprometidas con la construcción.
Como la arquitecta es (o debe ser) artista, deberá enfrentarse con la incomodidad de llevar en el subconsciente la contradicción entre la personalidad civil y la personalidad artística, para finalmente asumir su rol de artista. Nuestra propuesta va dirigida en primer término, a darle voz a las arquitectas, en el marco de una propuesta global de una arquitectura gestual, autobiográfica, que revele el privatismo psíquico, las vivencias y la ideología de su creador. Nuestra concepción de la personalidad artística debe entenderse como un primer paso en una estrategia de liberación de la creatividad femenina en la arquitectura, que mas bien fomentaría la victoriosa confianza en sí misma, perfilando su identidad hacia la arquitecta artista (la que hace los bocetos, la de los partidos conceptuales geniales...).
A pesar de todos los escollos, las arquitectas dominicanas siempre han estado ahí, y en el transcurrir de las seis décadas desde su aparición, a la sombra, con tenacidad, esfuerzo y talento, han sabido construir una historia paralela y anónima que hoy nos cuentan nuestras ciudades a todo lo largo y ancho del país. Lo que esas obras testifican es la presencia continua de las arquitectas en el quehacer arquitectónico nacional y el hecho de que estas obras hayan sido diseñadas por mujeres y de que las arquitectas están participando activamente en los puestos directivos, no significa que todas le están imprimiendo una perspectiva feminista a su oficio. El enfoque feminista debe implicar la reinterpretación de nuestro espacio y reconocer en él la expresión de relaciones de poder de la sociedad, para luego proponer un nuevo sentido de responsabilidad hacia necesidades específicas de la mujer como usuaria de espacios.
Giovanna M. Riggio
gioriggio@codetel.net.do
Marzo de 1998
Enlaces relacionados al tema:
IAWA - International Archive of Women in Architecture
AWA -Association of Women in Architecture
Libro: The Architect: Reconstructing her practice

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